UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 74
Un Capitán de Quince Años
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-Será conveniente reconocer el suelo antes de caminar sobre él -advirtió Dick
Sand, deteniendo la caravana-. Estos terrenos son peligrosos y será preciso
cruzarlos antes de que estalle la tormenta.
Hércules tomó al pequeño Jack en brazos. La señora Weldon, custodiada por Bat
y Austin por si fuera necesario sujetarla, en algunas ocasiones creyó no poder
seguir avanzando por aquel barrizal; más, por fin, a las cinco de la tarde, y
después de vencer con gran esfuerzo todos los inconvenientes, el pantano quedó
franqueado y el suelo cobró una mayor consistencia.
Enormes nubes tormentosas cruzaban el espacio y bien pronto los lejanos
relámpagos y truenos hicieron su aparición en las profundidades del firmamento.
Iba a estallar una formidable tormenta.
Hacia el Norte, una serie de colinas, aunque poco elevadas, parecían limitar la
llanura pantanosa. Algunos árboles se recortaban en el firmamento.
Los náufragos tomaron aquella dirección que, aun a falta de otro refugio, les
situaría altos en caso de avenida.
-¡Adelante! -gritaba Dick, infundiendo ánimos a sus compañeros.
Anduvieron a paso ligero, y cuando estalló la tormenta aún les faltaban dos millas
para alcanzar su objetivo. La oscuridad se hizo casi absoluta, a pesar de que el
Sol no había llegado aún al horizonte.
Los relámpagos se sucedían rápidamente, envolviendo la llanura en una maraña
de fuego.
La lluvia no podía tardar en caer torrencialmente.
Jack, despertado por el estruendo de los truenos, se agarraba con fuerza al cuello
de Hércules, que trataba de calmarle con sus palabras.
De pronto, un relámpago más claro que los anteriores iluminó la llanura.
-He visto algo muy cerca. Parece que es un campamento -dijo Dick.
-También yo lo he vislumbrado -corroboró el viejo Tom-; pero me temo que sea un
poblado de indígenas.
Un nuevo relámpago permitió observar con mayor iluminación el lugar indicado.
Era cierto. Unas cien tiendas cónicas alineadas con simetría, que medirían unos
quince pies de altura, se erguían en aquel lugar. Sin embargo, aunque por breves
instantes, no pudo verse ningún ser viviente.
¿Estaría abandonado el poblado? ¿Se habrían refugiado en sus tiendas los
habitantes?
-Es preciso saberlo -dijo Dick-. Quédense ustedes aquí. Yo iré a reconocer ese
lugar. Puedo acercarme sin ser visto.
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