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Un Capitán de Quince Años
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XIX
UN EXTRAÑO REFUGIO
Los senderos estaban invadidos por las zarzas y la maleza y los negros tenían
que trabajar sin descanso para abrirse paso entre aquella espesura.
Era tarea ardua, ya que en aquellas condiciones tuvieron que andar casi una milla,
hasta que por fin se abrió ante ellos una amplia brecha que comunicaba con un
riachuelo y seguía su ribazo. Aquello constituía, sin duda, un paso para los
elefantes, cuyas pisadas aparecían claramente en el suelo, de naturaleza
esponjosa.
También seres humanos habían seguido más de una vez aquel camino, pero en
las mismas condiciones en que los rebaños son llevados al sacrificio. Esparcidos
por el suelo podían verse restos de esqueletos medio roídos por las fieras,
algunos de los cuales ostentaban aún las trabas de la esclavitud.
Dick Sand y sus compañeros se encontraban, sin lugar a dudas, en un camino que
había seguido, Dios sabe cuándo, una caravana de esclavos.
La señora Weldon contemplaba aquel espectáculo macabro con horror, sin
comprender lo que tenía ante sus ojos.
Dick Sand temía tener que explicar a la madre de Jack la verdadera traición de
Harris, que había consistido en dejarles extraviados en una región africana. Pero
aquella mujer, que abrigaba la esperanza de ser conducida a la costa, nada
preguntó, seguramente porque todos sus pensamientos eran para su hijo, a quien
llevaba en brazos adormilado.
Todos caminaban en silencio, mirando a ambos lados aquel interminable
cementerio.
Entretanto, el cauce del riachuelo se hundía y se ensanchaba alternativamente. Su
corriente era menos impetuosa, lo que hizo pensar a Dick Sand que dentro de
poco se haría navegable o vertería sus aguas a otro río más importante que
desembocase en el Atlántico.
Los árboles escaseaban, mientras altas cañas de bambú se erguían tan elevadas
por encima de la hierba, que el mismo Hércules no las dominaba con la cabeza. El
paso del grupo sólo podía ser notado por la agitación de las cañas.
A las tres de la tarde de aquel mismo día empezó a modificarse la naturaleza del
terreno. El suelo, más pantanoso, estaba cubierto de espeso musgo, lo que daba
a entender que en la época de -las grandes lluvias aquella llanura debía de quedar
inundada.
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