UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Seite 71
Un Capitán de Quince Años
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Los negros se ofrecieron a llevar a la señora y a su hijo, confeccionando una litera
con hojas y ramas de árbol, pero la valerosa mujer declinó el ofrecimiento diciendo
que caminaría como todos.
Fueron revisadas cuidadosamente las armas y controladas las provisiones, que
fueron reunidas en un solo bulto, para que pudiera llevarlas un hombre solo.
Se inició la marcha y con la excusa de que cuando no llevaba nada se cansaba,
Hércules cogió suavemente a Jack, que continuaba dormido, de los brazos de la
sirvienta Nan. El primo Benedicto caminaba a largas zancadas sin abrir boca y sin
que nadie pudiera saber si había notado la desaparición de Harris, cosa que a él
poco le importaba. Su gran preocupación se refería a la pérdida de la lupa y sus
gafas, lo cual era para él una gran complicación.
Pero, sin que él lo supiera, aquellos dos preciosos instrumentos habían sido
encontrados por Bat entre la hierba del improvisado lecho del entomólogo, y si
seguía reteniéndolos era porque Dick se lo había aconsejado, para obligar al
primo Benedicto a caminar junto a ellos. Tom se detuvo de pronto y preguntó: -¿.Y
Dingo?
El perro no se veía por parte alguna, por lo que Hércules, con su potente voz lo
llamó varias veces. Dingo no acudió a la llamada. - ¿Habrá seguido a Harris? -
preguntó Tom. Dick Sand, que había permanecido en silencio, ponderando la,
ausencia del perro que era lamentable por lo que representaba de seguridad en la
vigilancia, dijo entonces: -No, Tom. Más bien habrá seguido la pista de Negoro. La
expedición siguió camino y a pesar de que desde el amanecer grandes nubes
cubrían el horizonte, el calor era asfixiante. En el ambiente flotaba la amenaza de
una tormenta que era muy probable que estallase antes de acabar el día.
Caminaban con rapidez pero con prudencia, y en varias ocasiones pudieron ver
huellas recientes de seres humanos y también de animales.
En aquella primera jornada volvieron a ver jirafas que huyeron a grandes
zancadas, espantadas por la aparición de la caravana.
A mediodía habían recorrido unas tres millas sin el menor contratiempo. Ni Negoro
ni Harris habían dado señales de vida como tampoco Dingo que continuaba sin
dejarse ver.
Se estableció un alto en una espesura de bambúes con el fin de descansar y
tomar algún alimento.
Se habló poco y menos se comió, muy especialmente la señora Weldon, que tomó
a su hijo entre sus brazos.
Dick Sand se creyó en la obligación de indicar a la apesadumbrada dama que
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