UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 70

Un Capitán de Quince Años www.infotematica.com.ar traicionado, para que estén alertas. Les haremos creer en algún ataque de los indios nómadas. ¿Me ayudará usted, Tom? -En todo y para todo, señor Dick -contestó el negro, alzando su noble mirada-; puede contar con mi abnegación y también con mi valor. El joven capitán pensó que pasarían varias horas antes de que sus perseguidores pudiesen alcanzarles. Pero, ¿qué camino era preciso utilizar para el regreso? El joven no creyó prudente volver por la selva. Comprendía que era imprudente iniciar una nueva caminata a través de aquellos bosques, dejando huellas que permitirían a los cómplices de Negoro obtener una pista segura. Sólo siguiendo la corriente de un río se perderían aquellas huellas, al mismo tiempo que serían menos de temer los ata- ques de las fieras, que por fortuna hasta el presente se habían mantenido a distancia. Por otra parte, sería también menos grave una posible agresión de los indígenas. Si pudiesen embarcar en una sólida lancha, bien armados, Dick Sand y los suyos se hallarían en mejores condiciones para defenderse. En consecuencia, todo se reducía a encontrar una corriente de agua, elemento en el cual Dick se encontraría más a gusto. Por lo demás, la naturaleza del terreno parecía indicar asimismo que no se encontraban muy lejos de una gran corriente. Por distintos sitios corrían pequeños riachuelos entre las pendientes que aparecían húmedas. Con la llegada del día, despertaron poco a poco todos los componentes del grupo. La señora Weldon, poco después, se acercó al grumete, dejando a su hijo bajo los cuidados de Nan. - ¿Dónde está Harris? -preguntó la madre de Jack. En ese aspecto, Dick no quería mentir. Ya era suficiente que sus compañeros creyesen que iban pisando el suelo de Bolivia. -Harris ha huido, señora -dijo-. Ese hombre es un traidor y está de acuerdo con Negoro, que ha sido en realidad quien nos ha conducido hasta aquí. -Lo presentía -exclamó la señora Weldon-. ¡Pobre hijo mío! ¡Con los cuidados que pensaba prodigarle en la hacienda San Felice! -No hay tal hacienda -dijo Dick Sand-, y lo único que podemos hacer ahora es regresar a la costa cuanto antes. - ¿Por el mismo camino? -se alarmó la señora Weldon. -No-, buscaremos una corriente de agua que nos conduzca al mar sin mucho esfuerzo y sin peligro alguno. Sin embargo, antes tendremos que hacer algunas millas a pie. 70