UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 67

Un Capitán de Quince Años www.infotematica.com.ar en aquel barco, hasta que, con sus malas artes logró dirigirlo hacia Angola, donde encalló en la playa. -Y la suerte me condujo a esa playa -terminó Harris- para recibirte. -Ha sido la única casualidad en todos mis proyectos -continuó Negoro-. Y lo más interesante es que la señora Weldon y sus acompañantes se encuentran a doscientas millas en el interior de África, que es adonde yo quería traerlos. - ¿Y qué proyectas? -interrogó Harris. -Antes de que te lo cuente, deberías darme noticias de nuestro amo, el tratante Alvez, al que no he visto desde hace dos años. -Estará encantado de volver a verte -respondió Harris-. El muy tunante está a las mil maravillas, a pesar de que la trata de negros se hace cada vez más difícil en este litoral. Aquellos dos picaros hablaban sin reparo de aquellas cosas, como si fuesen unos honrados negociantes discutiendo una crisis comercial momentánea. ¿Qué diferencia podía haber para ellos tratar de sacos de café o de azúcar, o hablar de seres humanos como mercancía? Los tratantes de negros no tienen sentimiento alguno de lo justo o lo injusto. - ¿Y qué piensas hacer con esa gente? -se interesó el americano. -Los negros pueden ser vendidos como esclavos -explicó el portugués-. Los cuatro jóvenes están bien constituidos y acostumbrados al trabajo. Pueden cotizarse bien. Los dos desalmados rieron de buena gana. -Lo que nos interesa ahora es ver el modo de apoderarnos de esa mercancía. Supongo que no a sernos muy difícil. -No lo será -contestó Harris-. Junto al Coanza, a diez millas de aquí, hay acampada una caravana de esclavos que sólo espera mi regreso para emprender el camino hacia Kazonnde. La manda el árabe Ibn Hamis y tiene a sus órdenes más soldados indígenas de los que hacen falta para apresar a Dick Sand y sus compañeros. Basta con que el grumete tenga la idea de dirigirse hacia el Coanza, ruta que, como es lógico, es la que va a emprender. El muchacho no es tonto y sabe el peligro que le espera y por ello no puede pensar en regresar a la costa por el mismo camino que hemos seguido, sin exponerse a perderse en medio de la in- trincada selva. Lo conozco y no puede adoptar otra resolución. Estoy seguro de que tomará esta decisión inmediatamente. -Estamos de acuerdo, camarada -aprobó Negoro-. Debemos ponernos en marcha en seguida a fin de adelantarles. 67