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Un Capitán de Quince Años
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habitada del país que limita con las Pampas. Si así fuera, es posible que estemos
muy alejados de la civilización.
Hizo una pausa y continuó:
-Mi consejo es que no debemos abandonar este refugio sin conocer exactamente
nuestra situación. Pasaremos la noche en este lugar y mañana, dos de nosotros
podremos realizar algunas caminatas hacia el interior, sin alejarnos demasiado. Si
encontramos algún indígena, nos informará y sabremos a qué atenernos. No creo
posible que en algunas millas a la redonda no se encuentre algún ser humano.
La señora Weldon hizo un gesto de contrariedad.
Dick Sand, interpretando aquel movimiento, dijo:
-No existe otra solución. Es necesario que nos separemos para llevar a cabo las
averiguaciones que he indicado. En el supuesto de que no encontremos a nadie,
decidiremos lo más conveniente. Tom y yo llevaremos a cabo la exploración.
Dingo nos acompañará y nos será de gran ayuda, porque supongo -y la voz de
Dick mostró ironía- que Negoro preferirá permanecer aquí.
-Eso depende -respondió Negoro con igual ironía.
Después de esta conversación, Negoro abandonó la gruta, dirigiéndose con paso
lento h acia el riachuelo, por la orilla del cual desapareció.
Pensando que muchos objetos que llevaba el barco podían ser útiles, Dick Sand y
sus compañeros se dirigieron hacia la playa para comprobar si el estado del mar
les permitía acceder al casco del navío.
El grumete se extrañó al comprobar que los arrecifes en los que había encallado la
Pilgrim estaban completamente secos.
"¡Qué raro! -pensó-. Las mareas son muy débiles en el litoral americano del
Pacífico y este fenómeno sólo puede explicarse por la furia del viento que soplaba
hacia la costa."
El aspecto del barco era lastimoso, aunque Dick Sand y los negros pudieron
introducirse entre sus restos tratando de sacar del mismo todo lo que pudiera
serles útil, especialmente alimentos y bebida.
Fueron recuperados también cuatro fusiles en buen estado y un centenar de
cartuchos que el agua había respetado, una linterna y varios cuchillos de caza.
El grupo se hallaba, pues, bien aprovisionado de víveres y armamento.
Al regresar a la gruta la señora Weldon se interesó por el dinero recuperado del
barco, y se extrañó al comprobar que solamente se habían recogido unos pocos
dólares, cuando lo cierto es que la madre de Jack había embarcado con una suma
muy superior a la hallada.
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