UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 37
Un Capitán de Quince Años
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indicaciones no podía comprobar. Solamente aquello podía justificar la ausencia
de tierra.
Por fin, un día, a eso de las ocho de la mañana, Hércules, que estaba de vigía a
proa, gritó:
- ¡Tierra, tierra!
Dick Sand se precipitó hacia el castillo.
La costa, determinada por una alta cima, se manifestaba a unas diez millas, por
babor. Era, seguramente, un promontorio de la costa americana, que entre un
claro de las nubes, pudo verse con toda claridad.
Sólo era cuestión de horas llegar a tierra.
Entre la alegría general, Dick sentía cierto espanto, ya que en las condiciones en
que se encontraba la Pilgrim, la tierra constituía un escollo con lo que ello
comportaba.
Al cabo de dos horas el navío se encontraba a la altura del promontorio.
Negoro había aparecido en cubierta, contemplando con mucha atención la costa, y
después de mover la cabeza, como si asintiera a una pregunta que se hubiera
formulado a sí mismo, volvió a su puesto, no sin antes haber pronunciado una
palabra que nadie pudo entender.
La tempestad había remitido y el cielo iba aclarando, pudiendo distinguirse
entonces una costa elevada, que seguramente podía corresponder a la cordillera
andina.
Transcurrieron otras dos horas y entonces Dick cogió su anteojo de larga vista y a
través de él paseó su mirada por todo el horizonte oriental.
Aquel promontorio que hacía poco se erguía por babor iba quedando atrás, tanto
que a las dos de la tarde todo indicio de tierra se había desvanecido.
Dick comprendió de qué se trataba y dirigiéndose al camarote donde se hallaba la
señora Weldon con el pequeño Jack, Nan y el primo Benedicto, exclamó
desalentado:
- ¡Una isla! ¡Sólo era una isla!
- ¿Qué isla, Dick? -inquirió la señora Wendon.
El grumete salió un instante para regresar pronto con el mapa del barco.
-La tierra que hemos visto no puede ser más que este punto -dijo, marcando un
puntito perdido en medio del Pacífico-. Se trata, sin duda, de la isla de Pascua, ya
que no hay otra por estos parajes.
Hizo una pausa, y desconcertado, continuó:
-Esta isla se halla a treinta y cinco grados de la costa americana, lo que quiere
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