UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 36
Un Capitán de Quince Años
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-Nada. No hay ningún reglamento que prohíba me acerque aquí.
-Con reglamento o sin él -exclamó enérgico Dick-, le prohíbo a usted que se
acerque a este lugar.
- ¿Lo dice en serio? -inquirió con cinismo Negoro, acompañando sus palabras con
un gesto amenazante.
El joven capitán extrajo un revólver de su bolsillo y apuntando con él al portugués,
le dijo:
-Recuerde bien que este revólver no se separa de mí y que al primer acto de
insubordinación le levantaré la tapa de los sesos.
- ¿Quiere usted que arroje a ese tunante por la borda? -preguntó Hércules,
acercándose.
Negoro se vio perdido. -Todavía no -respondió Dick.
Pero la mano del negro se había posado ya sobre un hombro del cocinero, que
salió lanzado hacia el puente. -Me las pagarás, negro maldito -masculló Negoro.
Después de aquel incidente, una cosa singular extrañó al grumete y es que el
viento había cambiado. El navío conservaba la misma orientación, pero el viento y
las olas, en lugar de asaltarle directamente por la popa, le empujaban ahora por la
banda de babor, por lo que el grumete tuvo que desviarse un cuarto para continuar
huyendo de la tempestad.
¿Qué había ido a buscar en aquel lugar el cocinero? ¿Podía tener alguna relación
aquella caída de Negoro y la rotura de la primera brújula? ¿Podía tener Negoro
algún interés en que el segundo compás quedase también inutilizado?
Estas y muchas otras preguntas se hacía Dick, cuya atención se hallaba más
despierta que nunca.
El grumete había confiado aquel incidente a la señora Weldon, haciéndole
partícipe asimismo de sus dudas, pero ella, aun participando hasta cierto punto de
la desconfianza del muchacho, no veía motivo para que existiese una
premeditación criminal en el portugués. A pesar de ello, Negoro fue vigilado con
más atención, aunque no volvió a aventurarse a ir a la popa, siguiendo las órdenes
del grumete. Además, Dingo fue trasladado a aquel lugar con carácter permanente
y con seguridad éste era otro de los motivos poderosos que retenían a Negoro en
la cocina.
Durante toda la semana la tormenta no disminuyó de intensidad y la Pilgrim huía
hacia el Nordeste con una velocidad no inferior a las 200 millas por día. Pero la
tierra no aparecía por parte alguna.
Dick Sand no podía suponer que se habían engañado con la brújula, cuyas
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