UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 26
Un Capitán de Quince Años
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del sextante, habría leído en el cronómetro la hora del meridiano de Greenwich y
habría deducido la longitud por el ángulo horario. Pero ahora, aunque era capaz
de establecer el velamen según las circunstancias, no poseía bastantes
conocimientos para determinar mediante el cálculo el punto donde se encontraba.
¡Con cuatro o cinco años más, el Sol se habría convertido en su consejero de
todos los días y la Luna y los planetas le indicarían el punto del océano en que se
encontraba el navío! Por las observaciones astronómicas habría podido
determinar con exactitud el camino a seguir. Ahora, sólo por el cálculo midiendo la
distancia recorrida con la guindola levantada a compás y corregida con la deriva,
debía comprobar únicamente cuál era su camino.
No obstante, no se desalentó.
La señora Weldon, intuyendo la fortaleza de espíritu del joven grumete, le dijo:
-Ya no están el capitán Hull ni su tripulación. La suerte de todos nosotros está en
tus manos, pero tú salvarás el navío y a cuantos vamos en él.
-Lo intentaré con la ayuda de Dios -respondió Dick Sand-. Haré de Tom y sus
compañeros unos marinos y maniobraremos juntos. Lucharemos y saldremos de
esta situación. Estoy seguro de ello.
- ¿Puedes saber cuál es la posición actual del barco? -inquirió la señora Weldon.
-Es muy sencillo -respondió Dick-. Sólo he de consultar el mapa donde el capitán
Hull fijó ayer el punto. De este modo pondré al navío en buena dirección, con la
proa hacia el Este, poco más o menos en dirección al punto del litoral americano.
-Muy bien, Dick. Llegaremos a Valparaíso o a cualquier punto del litoral. Lo
importante es llegar a alguna parte.
La primera providencia de Dick fue dirigirse a la habitación del capitán para ver el
mapa y marcar la posición actual de la Pilgrim. Inclinada sobre el mapa, la señora
Weldon contemplaba la silueta oscura que en el mapa figuraba la tierra, a la
derecha de aquel vasto océano. Era el litoral de América del Sur que, cual
inmenso dique, se levanta entre el Pacífico y el Atlántico, desde el cabo de Hornos
hasta las costas de Colombia.
Dick sabía que la tierra estaba muy lejos y que aquella distancia no podía medirse
sólo con unos cientos de millas. Pero no se desalentó. Se había convertido en un
hombre responsable de sus actos y había llegado el momento de actuar sin
desfallecimiento. La brisa, que soplaba del Noroeste, tenía que ser aprovechada
de inmediato.
Dick Sand llamó a los negros.
-El barco -dijo- no dispone de más tripulación que ustedes, y aunque no sean
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