UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Seite 22
Un Capitán de Quince Años
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El capitán Hull sabía que la madre se defendería con más furor y que la captura se
haría, por lo tanto, mucho más difícil.
No obstante, contra lo que era de temer, el cetáceo no se precipitó contra la
embarcación, sino que, seguida del ballenato, se sumergió rápidamente, nadando
entre dos aguas con suma rapidez.
La persecución, o mejor dicho, el remolque, había comenzado, y la ballenera con
los remos levantados resbalaba como una flecha sobre el mar.
La jubarte llevaba una endiablada carrera que parecía no tener fin, y fue preciso
unir las sondalezas una tras otra para dar mayor libertad al cetáceo.
¡Esa picara se nos comerá las sondalezas! -exclamó el capitán.
¡Pero no tendrá más remedio que volver a la superficie para respirar! -agregó el
jefe de la tripulación. Por fin la ballena pareció ceder en su empuje.
-Se cansa -dijo el capitán Hull, observando que en aquel momento la Pilgrim se
encontraba a más de cinco millas de la ballenera. No obstante, izando un pabellón
en el extremo de un botador, le hizo señal de que se acercase.
La brisa era débil, y a pesar de que el capitán observó que Dick y los negros
maniobraban, pensó que el barco a duras penas llegaría a alcanzar la ballena, si
es que lo lograba.
Como habían previsto, la jubarte volvió a la superficie para respirar, continuando
con el arpón clavado en su lomo. Permaneció casi inmóvil, como si aguardase a
su ballenato, que seguramente se había despistado en aquella furiosa carrera.
La ballenera se acercó de nuevo al cetáceo, llevando dos marineros armados de
largas lanzas destinadas a herir al animal.
- ¡Atención! No hay que errar el golpe -observó el capitán-. Apuntad bien,
muchachos.
En aquel momento, el mamífero dio un coletazo, al tiempo que se alejaba unas
diez brazas.
- ¡Cuidado! ¡Cuidado! -advirtió el capitán-. Toma fuerzas para arrojarse sobre
nosotros.
El capitán tenía razón, ya que la jubarte, que se había puesto frente a la ballenera,
agitó fuertemente el mar con sus enormes aletas y acometió hacia delante.
Una sabia maniobra del jefe de la tripulación hizo evolucionar la ballenera de tal
suerte que el mamífero no logró tocarla, aunque pasó casi rozando.
Los tripulantes aprovecharon la ocasión para propinar a la bestia dos lanzazos
intentando herirla en algún órgano vital.
La jubarte acusó las heridas, puesto que se detuvo y lanzó a gran altura dos
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