UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 108

Un Capitán de Quince Años www.infotematica.com.ar XXVIII LA HUIDA POR EL RIO La alegría que sintieron los náufragos al verse de nuevo reunidos, fue muy grande. La señora Weldon no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. - ¡Mi querido Dick! -decía estrechándolo entre sus brazos, mientras Jack, sin poder ocultar su júbilo, le cubría de besos-. ¡Y tú! ¡Eres tú, noble Hércules, el que me ha salvado y al que no he podido reconocer! El negro, frotándose el pecho para quitarse los dibujos que lo cubrían, exclamó satisfecho: -¡Vaya un disfraz! -La ha salvado a usted -intervino Dick Sand-, como me salvó a mí, aunque no quiera confesarlo. -Salvados, no lo estamos aún -aseveró Hércules- y, por otra parte, si el señor Benedicto no hubiera venido a decirnos dónde se encontraba usted, señora Weldon, nada hubiera podido hacer. Cinco días antes, había sido Hércules el que se arrojó sobre el primo Benedicto cuando corría en persecución de su precioso insecto. De no haber mediado aquel incidente, ni el grumete ni Hércules hubieran sabido dónde estaba prisionera la señora Weldon. Hércules, mientras la piragua se deslizaba con rapidez sobre las aguas del río, explicó sus aventuras desde que había huido del campamento del Coanza. Había seguido al grupo que conducía a la señora Weldon y a su hijo sin hacerse notar, hasta que llegaron a los alrededores de Kazonndé. Después halló a Dingo herido y gracias al perro, Dick Sand tuvo las primeras noticias de la señora Weldon. Hércules había tratado, sin suerte, de penetrar en la factoría de Alvez, de lo que tuvo que desistir ante la severa vigilancia. La inesperada llegada (del primo Benedicto procuró al noble negro los preciosos detalles que desconocía, y así fue cómo había encontrado) aquella ocasión para liberar a la señora Weldon y a su hijo de aquel horrible tratante. -Hay que advertir -explicó Hércules-, que si pude llevar a cabo la superchería de hacerme pasar por el brujo, es porque precisamente pasó por estos alrededores el célebre mago que era esperado con tanta impaciencia. No dudé un momento y saltando sobre él, le despojé de todas sus vestiduras y arreos y lo até fuertemente al pie de un árbol. Me aseguré de los nudos que ningún mago era capaz de 108