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Un Capitán de Quince Años
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descollaban las telas y el marfil.
Por el contrario, poca gente había en la factoría, en la que la señora Weldon
ocupaba con su hijo una choza aparte, y el primo Benedicto otra, que no se
comunicaban con las de los servidores del tratante.
Una joven esclava llamada Halima había sido puesta al servicio de la dama, a la
que a su manera manifestaba una especie de afecto salvaje, pero sincero.
Ante las dudas que la asaltaban, la madre de Jack se preguntaba qué esperaba
Alvez para decidir su suerte. Pero éste, que ocupaba la parte principal de la
factoría, apenas se ocupaba de ella.
De esta manera transcurrieron los ocho días que precedieron a la llegada de la
caravana, y los siguientes desde la arribada de ésta a Kazonndé.
Pensaba también la señora Weldon en su marido, que al creerles perdidos debía
debatirse en los más torturantes pensamientos.
Por fin conoció las intenciones de Negoro con respecto a ella cuando, el 6 de
junio, tres días después del entierro de Moini Lungga, y estando ella sola en su
choza, penetró en ella el portugués, y sin otro preámbulo le espetó:
-Señora Weldon, Dick Sand ha muerto, Nan también y Tom y los demás han sido
vendidos a los mercaderes de Ujiji.
La dama no pudo contener los sollozos.
- ¡Pobre Dick! -exclamó.
-Era justo que su amigo pagase con la vida el asesinato de Harris -explicó el
portugués-. Señora, está usted sola en Kazonndé, y en mi poder. Absolutamente
sola, ¿comprende? Los malos tratos que recibí a bordo podría vengarlos ahora en
usted, pero en este momento soy el mercader y no el cocinero, y voy a decirle
cuáles son mis proyectos.
La madre de Jack miró a Negoro fijamente, sin despegar los labios.
-Ustedes tres tienen un valor comercial del que pretendo beneficiarme. Voy a
venderlos.
La señora Weldon se irguió para decir con voz firme:
-¡Soy de raza libre!
-Que yo puedo hacer esclava a mi antojo -cortó el bandido-. Existe un hombre que
pagará por usted lo que yo le pida. ¿Me entiende?
- ¿Y quién es ese hombre al que usted pretende venderme?
-Ese hombre se llama James Weldon.
- ¡Mi marido! -exclamó ella, horrorizada.
-En efecto, señora. Un hombre que pagará bien por su mujer e hijo.
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