UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Seite 84

Rafistole eligió aquella revuelta del callejón, para cavar, precisamente allí, el agujero que iba a traerle tanta fortuna. Más tarde, cuando le preguntaban la razón profunda, se limitaba a contestar: —¡Así son las cosas…! Por ahora, se dirigió al callejón con sus herramientas, y se detuvo allí donde el callejón empieza a dar la vuelta detrás de la iglesia, ensanchándose. Rafistole se remangó y se echó saliva en las manos. Antes de coger el pico pensó que sería mejor quitarse la chaqueta de paño, y la arrojó a la hierba. Volvió a su pico, escupió otra vez en las manos —pues mientras se le