UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 65

miles de flores resplandecían en todos los balcones, cuando el peón caminero Rafistole tuvo la inspiración de hacer la gran obra que iba a transformar su vida. He aquí lo que ocurrió: Eran justo las diez y Rafistole, acodado en su habitual mesa de mármol del café de la Clique, estaba tomando el poco sol que se filtraba a través de los visillos del ventanal. A sus espaldas relucía el espejo nuevo colocado la víspera y que reemplazaba, por fin, a aquel otro que había tenido el trágico fin que ya sabemos. Ni una mosca turbaba la tranquila atmósfera impregnada de resplandeciente luz que bajaba del cielo