entre unos bosquecillos, subía una
colina,
bordeaba
una
cantera
abandonada y se convertía, al final, en
un sendero insignificante, apenas
visible, a trescientos metros del gran
edificio.
Cuando
Grisón
salió
de
Courquetaines, ya estaba totalmente
oscuro. Caminaba pensando en que los
días ya habían comenzado a alargar y en
que pronto ya no estaría oscuro cuando
hiciera ese recorrido a la misma hora.
Caminaría en dirección al sol poniente
que toma unos colores tan bonitos antes
de ocultarse tras las colinas. ¡Hoy
empezaba la primavera! Se puso a saltar