GRISON no vivía, como los otros, en el
pueblo de Courquetaines, aunque el
lugar donde se encontraba situada su
granja sí que pertenecía a su término
municipal. Pero distaba del pueblo dos
buenos kilómetros de camino pedregoso
e irregular. Y, para reunirse con sus
amigos, Grisón no tenía más remedio
que recorrer, al menos una vez, esa
distancia, ida y vuelta; a veces el doble,
si quería volver a almorzar. Los días de
escuela llevaba un bocadillo que se
tomaba a las doce en el café de la
Clique, donde Robert le preparaba una