Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 58
7
Sarah paseaba por High Street tranquilamente, sin prisas. Ni ella misma entendía por
qué, pero el caso es que había algo profundamente gratificante en el hecho de volver
al lugar por el que había salido a la superficie.
Era como si, mediante ese regreso, comprobara que allí abajo, oculta, existía
realmente la Colonia, el espectro del que llevaba tanto tiempo escapando. Porque se
preguntaba muchas veces si todo aquello no sería un producto de su imaginación, si
toda la primera parte de su vida no sería tan sólo un elaborado autoengaño.
Acababan de dar las siete, y el interior del soso edificio Victoriano que se
proclamaba Museo de Highfield se hallaba a oscuras. Más allá del museo, vio con
cierta sorpresa que la tienda de fruta y verdura de los hermanos Clarke parecía
definitivamente clausurada. Los postigos, pintados con varias capas de una
empalagosa pintura al esmalte de color verde guisante, se hallaban firmemente
cerrados. Así debían de llevar ya algún tiempo, porque había una gruesa capa de
carteles pegados encima, los más llamativos de los cuales anunciaban la actuación de
un grupo de chicos recientemente reformado y el mercadillo de Año Nuevo.
Se paró a mirar la tienda. Durante varias generaciones, la población de la Colonia
había confiado en los Clarke para surtirse con regularidad de frutas y verduras
frescas. Había otros proveedores, pero los hermanos y sus antepasados habían sido
aliados de confianza desde siempre. Aparte de la remota posibilidad de que ambos
hubieran muerto, Sarah sabía que ellos nunca clausurarían la tienda. Al menos, no
voluntariamente.
Echó un último vistazo a los postigos cerrados del escaparate del establecimiento,
después siguió su camino. Aquello confirmaba lo que decía la carta del buzón secreto:
que la Colonia estaba sometida a un estado de excepción, y la mayor parte de los
aprovisionamientos de la Superficie habían sido cortados. Y eso le daba una idea de
hasta dónde habían llegado las cosas allí abajo.
Varios kilómetros después, dobló la esquina y se metió por Broadlands Avenue. Al
acercarse a la casa de los Burrows, vio que las cortinas estaban corridas y no había