Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Seite 464

Drake se había visto obligado a ir más despacio al encontrarse delante de él con la patrulla de Limitadores. Soltó una maldición en silencio, porque estaban en su camino y no podía hacer nada para adelantarlos, salvo ir por otro camino mucho más largo.
Forzando la suerte, se acercó más a ellos para evaluar con exactitud lo que tenía ante él. Se dio cuenta de que llevaban con ellos a alguien a rastras, pero no podía saber si se trataba de Elliott o de alguno de los muchachos. Tal vez fuera algún desafortunado renegado al que habían cogido los soldados, pensó para sí, muriéndose de impaciencia por volver a ponerse en acción. Palpó los cócteles que llevaba en la cartuchera. Hubiera querido tirárselos a los cuatro soldados, pero no quería arriesgarse a matar al prisionero.
Así que se vio obligado a aguardar la ocasión hasta que la patrulla arrastró a aquel desgraciado por la cornisa que había al comienzo de los Cortantes. Desde allí, emprendieron la bajada por el camino más largo. En cuanto se perdieron de vista, Drake bajó rápidamente por la escalera de mano de los coprolitas. Al llegar abajo, se puso a cubierto de inmediato. El aire brillaba con millones de diminutas partículas de cristal que se movían muy despacio y no sólo le entorpecían la visión sino que se le atragantaban en la garganta. Al desplazarse entre trozos de cristal y restos de columnas que quedaban de la explosión, se vio forzado repetidamente a pararse y ocultarse. En el lugar descubrió una buena cantidad de Limitadores muertos, pero también había bastantes vivos que parecía que estaban llevando a cabo un rastreo de la zona.
Al final llegó al pasaje que sabía que habría tomado Elliott, pero la entrada estaba completamente cerrada por una columna cristalina. No había nada que hacer aparte de bordear el perímetro y meterse por la siguiente ruta.
Al hacerlo volvió a ver la patrulla que llevaba al prisionero bajando por el último trozo de la cornisa. Dos de los cuatro Limitadores se separaron enseguida, seguramente para comunicar su presencia a los compañeros que estaban más adentro. Los otros dos dejaron caer al suelo a su cautivo. Oyó un grito de mujer en el momento de la caída. Drake no tenía ni idea de quién era, pero, por mucho que le urgiera

50

Drake se había visto obligado a ir más despacio al encontrarse delante de él con la patrulla de Limitadores. Soltó una maldición en silencio, porque estaban en su camino y no podía hacer nada para adelantarlos, salvo ir por otro camino mucho más largo.
Forzando la suerte, se acercó más a ellos para evaluar con exactitud lo que tenía ante él. Se dio cuenta de que llevaban con ellos a alguien a rastras, pero no podía saber si se trataba de Elliott o de alguno de los muchachos. Tal vez fuera algún desafortunado renegado al que habían cogido los soldados, pensó para sí, muriéndose de impaciencia por volver a ponerse en acción. Palpó los cócteles que llevaba en la cartuchera. Hubiera querido tirárselos a los cuatro soldados, pero no quería arriesgarse a matar al prisionero.
Así que se vio obligado a aguardar la ocasión hasta que la patrulla arrastró a aquel desgraciado por la cornisa que había al comienzo de los Cortantes. Desde allí, emprendieron la bajada por el camino más largo. En cuanto se perdieron de vista, Drake bajó rápidamente por la escalera de mano de los coprolitas. Al llegar abajo, se puso a cubierto de inmediato. El aire brillaba con millones de diminutas partículas de cristal que se movían muy despacio y no sólo le entorpecían la visión sino que se le atragantaban en la garganta. Al desplazarse entre trozos de cristal y restos de columnas que quedaban de la explosión, se vio forzado repetidamente a pararse y ocultarse. En el lugar descubrió una buena cantidad de Limitadores muertos, pero también había bastantes vivos que parecía que estaban llevando a cabo un rastreo de la zona.
Al final llegó al pasaje que sabía que habría tomado Elliott, pero la entrada estaba completamente cerrada por una columna cristalina. No había nada que hacer aparte de bordear el perímetro y meterse por la siguiente ruta.
Al hacerlo volvió a ver la patrulla que llevaba al prisionero bajando por el último trozo de la cornisa. Dos de los cuatro Limitadores se separaron enseguida, seguramente para comunicar su presencia a los compañeros que estaban más adentro. Los otros dos dejaron caer al suelo a su cautivo. Oyó un grito de mujer en el momento de la caída. Drake no tenía ni idea de quién era, pero, por mucho que le urgiera