Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 415

Este se quedó destrozado por las palabras de su amigo, que resultaban peores por el recuerdo del espíritu de camaradería que había habido tan sólo un poco antes. Había creído que su amistad estaba volviendo a ser la que había sido en otro tiempo, pero acababa de ver que el tono de broma de las conversaciones en el bote y en la playa no significaban nada. Se había engañado. Y por mucho que intentara quitarle importancia a la cosa, el estallido de su amigo le hería profundamente. No necesitaba que le recordara que él era el culpable de todo. Él había arrancado a Chester de su familia y de su vida en Highfield y lo había metido en aquella situación de pesadilla que empeoraba por momentos. Se había puesto a andar otra vez, pero la sensación de culpa había regresado y lo aplastaba como una losa. Intentaba convencerse de que el agotamiento de Chester tenía que ser la causa de su desahogo: uno tendía a crisparse cuando, como ellos, apenas había dormido, pero no le parecía una explicación muy convincente para su comportamiento. Su ex amigo había dicho lo que llevaba dentro. Así de claro. Y como el estallido de Chester no era precisamente una ayuda, Will se sentía francamente mal. Habría dado cualquier cosa por un baño caliente y una cama limpia con sábanas blancas y bien planchadas. Le parecía que sería capaz de pasarse un mes durmiendo. Buscó a su hermano, que iba delante, y vio que a cada paso que daba se apoyaba pesadamente en el bastón, y que andaba con torpeza, como si la pierna fuera a dejarlo caer en cualquier momento. No, ninguno de ellos se encontraba en buena forma. Esperaba que antes de que transcurriera mucho tiempo tuvieran oportunidad de tomarse un merecido descanso. Pero no se podía engañar: se veía venir que eso no iba a ocurrir teniendo detrás a los Limitadores. Se juntaron en torno a Elliott en la pared de la caverna. Se encontraba ante una grieta, una abertura alargada en la base de una pared que tenía varios metros de altura. Daba la impresión de que era la principal fuente de niebla, que salía por allí con un flujo incesante. Will guardó las distancias con Chester, fingiendo que no se fijaba más que en la grieta, aunque la espesa niebla le impedía ver nada de ella, ni siquiera la anchura que tenía. —Nos queda por delante un camino largo y difícil —advirtió Elliott desenrollando una cuerda que se fueron atando a la cintura. Ella se puso delante, y le siguió Cal, después Chester, y por último Will—. No quiero que nadie se nos pierda —les dijo, y entonces se quedó callada antes de pasar la mirada de Will a Chester.