Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 402

rifles y las mochilas. Sabía reconocerlos porque había visto otro par de ellos en la Estación de los Mineros, al salir del tren. Los chirridos que había oído eran sus voces, porque iban hablando entre ellos. No se podía creer la suerte que tenía. Llevaba días sin ver un ser humano, y se daba cuenta de lo extraño que era tropezarse con alguno allí abajo, en aquella red de túneles y cavernas interconectadas de miles de kilómetros. ¿Cuántas probabilidades había de que eso ocurriera? Cuando se encontraban a no más de cinco metros de él, los saludó con un «¡Hola!» gritado con voz expectante y amistosa. Uno de ellos lo miró con mirada fría y rostro carente de expresión, pero no dio muestras de darse por enterado de su existencia. El otro soldado ni siquiera levantó los ojos del camino. El primero apartó enseguida la mirada del doctor Burrows, ignorándolo por completo. Los dos siguieron caminando con paso decidido, hablando entre ellos, sin hacerle ningún caso. Burrows se quedó desconcertado, pero tampoco se detuvo. La total falta de interés en él que acababan de demostrar le hacía sentirse como un mendigo que hubiera tenido la desfachatez de pedir dinero en la calle a dos hombres de negocios. No se lo podía creer. —¡Bueno, pues haced lo que queráis! —dijo encogiéndose de hombros y volviendo a pensar en cosas más importantes. «¿Dónde estás y qué eres, gran agujero en el suelo?», preguntó ante los mudos menhires que lo rodeaban, dando vueltas en la mente a teorías sin fin.