Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 341
tenía más que añadir. Se volvió hacia el armario que había al otro lado de la litera, de donde siguió sacando cosas y echando de vez en cuando algo sobre la cama.
Conteniendo la respiración, Will se puso el artilugio con mucho cuidado. Ajustando la correa para que le quedara sujeto a la frente, se aseguró de que la lente le quedaba correctamente colocada en el ojo, y probó a levantarla y volver a bajarla. Al meterse en un bolsillo del pantalón la caja rectangular, se dio cuenta de lo incómodo que se sentía llevando aquel artilugio. Él mismo no hubiera podido explicarlo, pero el caso es que no se sentía digno de él.
Tal vez al comienzo, cuando conoció a Drake y se quedó intrigado con el extraño aparato, le hubiera gustado ponérselo, pero no ahora, porque aquel artilugio había llegado a convertirse en un emblema del dominio de Drake en aquel mundo subterráneo, un símbolo de su posición, una especie de corona. Era un testimonio de su voluntad de alzarse contra los styx y de su supremacía sobre el heterogéneo montón de renegados que erraban por las Profundidades. Ajuicio de Will, Drake era muy diferente de ellos. Era la personificación de las cualidades que a él le gustaría llegar a tener: era fuerte, tenía sentido práctico y era libre hasta el punto de no tener que rendirle cuentas a nadie.
Elliott cogió en los brazos algunas cosas más y las llevó hasta las mochilas. Las dejó allí, pasó al lado de Will sin dirigirle una mirada y desapareció por el corredor. Volvió a aparecer un poco después con una caja de cócteles.— Mete esto y nos vamos. Will puso los cócteles en las mochilas, que junto con las otras bolsas llevó hasta la entrada de la base. Lo ató todo al extremo de la soga y, aunque era un bulto considerable, logró bajarlo hasta el suelo del túnel. No le hizo mucha gracia pensar que había que llevarlo todo a la isla donde esperaban Cal y Chester: pesaba una tonelada, y sospechaba que a él le tocaría llevar la mayor parte.
De pie junto al extremo superior de la soga, esperando a que terminara Elliott, la vio pasar con lentitud de una a otra estancia. Will no sabía muy bien si ella estaba comprobando que no se dejaba nada importante, o tan sólo se estaba despidiendo del lugar ante la sospecha de que no volvería a verlo nunca.— Bueno, vámonos— dijo reuniéndose con él en la entrada. Se deslizó por la soga, y en cuanto estuvieron los dos abajo, él desató las mochilas y las bolsas. Al ponerse en pie sobre el suelo, descubrió que Elliott estaba leyendo un trozo enrollado de tela.
tenía más que añadir. Se volvió hacia el armario que había al otro lado de la litera, de donde siguió sacando cosas y echando de vez en cuando algo sobre la cama.
Conteniendo la respiración, Will se puso el artilugio con mucho cuidado. Ajustando la correa para que le quedara sujeto a la frente, se aseguró de que la lente le quedaba correctamente colocada en el ojo, y probó a levantarla y volver a bajarla. Al meterse en un bolsillo del pantalón la caja rectangular, se dio cuenta de lo incómodo que se sentía llevando aquel artilugio. Él mismo no hubiera podido explicarlo, pero el caso es que no se sentía digno de él.
Tal vez al comienzo, cuando conoció a Drake y se quedó intrigado con el extraño aparato, le hubiera gustado ponérselo, pero no ahora, porque aquel artilugio había llegado a convertirse en un emblema del dominio de Drake en aquel mundo subterráneo, un símbolo de su posición, una especie de corona. Era un testimonio de su voluntad de alzarse contra los styx y de su supremacía sobre el heterogéneo montón de renegados que erraban por las Profundidades. Ajuicio de Will, Drake era muy diferente de ellos. Era la personificación de las cualidades que a él le gustaría llegar a tener: era fuerte, tenía sentido práctico y era libre hasta el punto de no tener que rendirle cuentas a nadie.
Elliott cogió en los brazos algunas cosas más y las llevó hasta las mochilas. Las dejó allí, pasó al lado de Will sin dirigirle una mirada y desapareció por el corredor. Volvió a aparecer un poco después con una caja de cócteles.— Mete esto y nos vamos. Will puso los cócteles en las mochilas, que junto con las otras bolsas llevó hasta la entrada de la base. Lo ató todo al extremo de la soga y, aunque era un bulto considerable, logró bajarlo hasta el suelo del túnel. No le hizo mucha gracia pensar que había que llevarlo todo a la isla donde esperaban Cal y Chester: pesaba una tonelada, y sospechaba que a él le tocaría llevar la mayor parte.
De pie junto al extremo superior de la soga, esperando a que terminara Elliott, la vio pasar con lentitud de una a otra estancia. Will no sabía muy bien si ella estaba comprobando que no se dejaba nada importante, o tan sólo se estaba despidiendo del lugar ante la sospecha de que no volvería a verlo nunca.— Bueno, vámonos— dijo reuniéndose con él en la entrada. Se deslizó por la soga, y en cuanto estuvieron los dos abajo, él desató las mochilas y las bolsas. Al ponerse en pie sobre el suelo, descubrió que Elliott estaba leyendo un trozo enrollado de tela.