Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 329

34 Tenían grandes dificultades para ir al paso de Elliott, de tan rápido como caminaba. Parecía que no le importaba mucho que pudieran seguirla o no. De los tres, a Cal era al que más le costaba. Arrastraba los pies, y hasta se cayó varias veces al caminar por la playa de arena. Will temía realmente que su hermano no pudiera volver a levantarse; sin embargo, cada vez que caía, el chico lograba volver a ponerse en pie y continuar. Se decía algo para sí, sonaba como si fueran oraciones, pero Will no estaba seguro, y no pensaba gastar energías preguntando. Tenía un horrendo dolor de cabeza que no se le iba, y se encontraba débil por la falta de sueño y de comida. Su sed seguía siendo insaciable: cada poco echaba un tiento a la cantimplora, pero parecía que no se mitigaba nunca. Los muchachos no hablaban entre ellos. Las preguntas les pululaban por la cabeza, escociendo: ahora que Drake no estaba, ¿los abandonaría Elliott a su suerte? ¿O proseguiría con los planes de Drake, y seguirían los cuatro juntos, formando un equipo? Will se estaba planteando todo eso y sopesaba las posibilidades de un lado y de otro, cuando notó en el terreno un cambio apenas perceptible: aquella arena difícil de pisar porque se resbalaba bajo los pies se había vuelto más firme, así que costaba menos esfuerzo caminar. Se preguntó a qué se debería el cambio. Seguían teniendo el mar a la derecha. De vez en cuando oía una ola que lamía la orilla con lúgubre sonido, pero sabía que la pared de la caverna, que se encontraba a su izquierda y resultaba completamente invisible en la oscuridad, debía de estar a bastante distancia. Se adentraban más y más en una zona que Will sólo había rozado en sus horas de vagar solitario. Después los pies empezaron a raspar contra algo y, a la leve luz que proyectaba su lámpara, vio que la pálida arena se había trasformado en algo más oscuro. Tropezó con algo sólido y firme y se tambaleó. Se detuvo para ver qué era: parecía como un pequeño tocón de un árbol talado. Durante los siguientes cien pasos, más o menos, Will trató de contener la curiosidad, pero al final esta curiosidad pudo más, y subió la