Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 329
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Tenían grandes dificultades para ir al paso de Elliott, de tan rápido como caminaba.
Parecía que no le importaba mucho que pudieran seguirla o no.
De los tres, a Cal era al que más le costaba. Arrastraba los pies, y hasta se cayó
varias veces al caminar por la playa de arena. Will temía realmente que su hermano no
pudiera volver a levantarse; sin embargo, cada vez que caía, el chico lograba volver a
ponerse en pie y continuar. Se decía algo para sí, sonaba como si fueran oraciones,
pero Will no estaba seguro, y no pensaba gastar energías preguntando. Tenía un
horrendo dolor de cabeza que no se le iba, y se encontraba débil por la falta de sueño
y de comida. Su sed seguía siendo insaciable: cada poco echaba un tiento a la
cantimplora, pero parecía que no se mitigaba nunca.
Los muchachos no hablaban entre ellos. Las preguntas les pululaban por la cabeza,
escociendo: ahora que Drake no estaba, ¿los abandonaría Elliott a su suerte? ¿O
proseguiría con los planes de Drake, y seguirían los cuatro juntos, formando un
equipo?
Will se estaba planteando todo eso y sopesaba las posibilidades de un lado y de
otro, cuando notó en el terreno un cambio apenas perceptible: aquella arena difícil de
pisar porque se resbalaba bajo los pies se había vuelto más firme, así que costaba
menos esfuerzo caminar. Se preguntó a qué se debería el cambio.
Seguían teniendo el mar a la derecha. De vez en cuando oía una ola que lamía la
orilla con lúgubre sonido, pero sabía que la pared de la caverna, que se encontraba a
su izquierda y resultaba completamente invisible en la oscuridad, debía de estar a
bastante distancia. Se adentraban más y más en una zona que Will sólo había rozado
en sus horas de vagar solitario.
Después los pies empezaron a raspar contra algo y, a la leve luz que proyectaba su
lámpara, vio que la pálida arena se había trasformado en algo más oscuro. Tropezó
con algo sólido y firme y se tambaleó. Se detuvo para ver qué era: parecía como un
pequeño tocón de un árbol talado. Durante los siguientes cien pasos, más o menos,
Will trató de contener la curiosidad, pero al final esta curiosidad pudo más, y subió la