Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 327
Abrió y cerró los ojos sin acabar de despertar. Intentó enfocar las borrosas siluetas que tenía delante. Vio a Elliott y a Cal de pie ante él.—¡ Arriba!— le ordenó Elliott con severidad, antes de pegarle con el pie. Will quiso hacer lo que se le mandaba, pero volvió a derrumbarse. Estaba tembloroso y confuso, y no conseguía comprender nada. Vio el rostro de ella. Aunque estuviera negro de mugre, era fácil darse cuenta de que no se alegraba en absoluto de volverlo a ver. ¡ Y había creído que Drake y ella le felicitarían por su increíble resistencia, por sobrevivir frente a todas las posibilidades que tenía en contra!
Podía ser que se hubiera equivocado completamente al imaginar cómo reaccionarían ellos, y que los dos no sintieran más que rabia porque él se hubiera separado del grupo, aun cuando, como intentaba recordarse a sí mismo, eso no hubiera sido culpa suya. Tal vez había conculcado otra de sus inescrutables normas. Quitándose los cristalitos de sal que se le habían formado en los ojos enrojecidos, volvió a examinar el rostro de Elliott. La expresión era de increíble severidad.
— Yo no … ¿ Cuánto tiempo he …?— dijo pronunciando de manera apenas inteligible, y dándose cuenta de que la expresión del rostro de Cal era parecida. También vio que ambos, Elliott y Cal, estaban empapados y olían a demonios.
Chester había empezado a moverse detrás de ellos, recogiendo los restos de la comida y metiéndolos torpe y apresuradamente en la mochila.
— Lo han atrapado— explicó Cal, respirando aguadamente al tiempo que azotaba el aire con el bastón—. ¡ Los Limitadores han atrapado a Drake!
Chester interrumpió lo que estaba haciendo. Will negó con la cabeza, sin podérselo creer, y después miró a Elliott buscando confirmación. No necesitó ver los arañazos que tenía en un lado de la cara, ni la sangre que salía de una herida que había recibido en la sien, para saber que su hermano decía la verdad: era suficiente con verle a ella los ojos, apretados y llenos de rabia.— Pero … ¿ cómo …?— preguntó casi sin voz. Ella se limitó a darse la vuelta, y comenzó a caminar en dirección al mar subterráneo frente al cual Will había pasado tanto tiempo.
Abrió y cerró los ojos sin acabar de despertar. Intentó enfocar las borrosas siluetas que tenía delante. Vio a Elliott y a Cal de pie ante él.—¡ Arriba!— le ordenó Elliott con severidad, antes de pegarle con el pie. Will quiso hacer lo que se le mandaba, pero volvió a derrumbarse. Estaba tembloroso y confuso, y no conseguía comprender nada. Vio el rostro de ella. Aunque estuviera negro de mugre, era fácil darse cuenta de que no se alegraba en absoluto de volverlo a ver. ¡ Y había creído que Drake y ella le felicitarían por su increíble resistencia, por sobrevivir frente a todas las posibilidades que tenía en contra!
Podía ser que se hubiera equivocado completamente al imaginar cómo reaccionarían ellos, y que los dos no sintieran más que rabia porque él se hubiera separado del grupo, aun cuando, como intentaba recordarse a sí mismo, eso no hubiera sido culpa suya. Tal vez había conculcado otra de sus inescrutables normas. Quitándose los cristalitos de sal que se le habían formado en los ojos enrojecidos, volvió a examinar el rostro de Elliott. La expresión era de increíble severidad.
— Yo no … ¿ Cuánto tiempo he …?— dijo pronunciando de manera apenas inteligible, y dándose cuenta de que la expresión del rostro de Cal era parecida. También vio que ambos, Elliott y Cal, estaban empapados y olían a demonios.
Chester había empezado a moverse detrás de ellos, recogiendo los restos de la comida y metiéndolos torpe y apresuradamente en la mochila.
— Lo han atrapado— explicó Cal, respirando aguadamente al tiempo que azotaba el aire con el bastón—. ¡ Los Limitadores han atrapado a Drake!
Chester interrumpió lo que estaba haciendo. Will negó con la cabeza, sin podérselo creer, y después miró a Elliott buscando confirmación. No necesitó ver los arañazos que tenía en un lado de la cara, ni la sangre que salía de una herida que había recibido en la sien, para saber que su hermano decía la verdad: era suficiente con verle a ella los ojos, apretados y llenos de rabia.— Pero … ¿ cómo …?— preguntó casi sin voz. Ella se limitó a darse la vuelta, y comenzó a caminar en dirección al mar subterráneo frente al cual Will había pasado tanto tiempo.