Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 207

bajo la superficie y desapareció. Notando en la cara la caricia de las burbujas, se impulsó utilizando la mano que le quedaba libre. Mantuvo los ojos fuertemente cerrados. El sonido del agua le atronaba en los oídos. Aunque el túnel no era muy ancho, tal vez de un metro en su mayor estrechamiento, no era difícil pasar por él, ni siquiera con la mochila y la bolsa impermeable. Pero pese a que le parecía que avanzaba, no llegaba a ningún lado. Abrió los ojos en la impenetrable oscuridad, lo que hizo que el corazón le latiera aún más aprisa. El agua en que estaba sumergido era espesa como la miel y resultaba difícil de atravesar. Estaba viviendo su peor pesadilla. «¿No será un engaño? ¿Debería volver?» Trató de no perder los nervios, pero con la falta de aire su cuerpo dio señales de rebelión. Notó que el pánico se apoderaba de él y empezó a retorcerse, agarrándose a cualquier cosa que le ayudara a avanzar más rápido. Tenía que salir de aquella especie de tinta en que estaba sumergido. Se movió con una desesperación enloquecida, impulsándose en las negras aguas en una carrera a cámara lenta. Por un breve instante, se preguntó si no sería aquél el procedimiento que había elegido Drake para matarlos. Pero en ese mismo instante comprendió que éste no tenía motivo para tomarse tantas molestias: si su intención era acabar con ellos, habría sido mucho más fácil rebanarles la garganta en la Llanura Grande. Aunque probablemente no duró más de medio minuto, a Will le pareció que aquella inmersión se prolongaba durante siglos enteros hasta que por fin salió del agua, salpicándolo todo. Respirando agitadamente, buscó a tientas la lámpara que llevaba consigo y la encendió, pero no descubrió gran cosa en el lugar en que se encontraba, salvo que las paredes y el suelo brillaban cuando les daba la luz. Supuso que sería por la humedad. Reconfortado por el aire que entraba en sus pulmones, aguardó la llegada de su amigo. Al otro lado del sumidero, de mala gana, Chester se colocó la mochila en los hombros y se acercó indeciso a la poza, arrastrando la bolsa impermeable. —¿A qué esperas, chaval? —le preguntó Drake con voz tajante. El chico se mordió un labio, demorándose en la orilla del agua, que continuaba moviéndose por efecto de la inmersión de Will. Se volvió para mirar tímidamente el único ojo de Drake, que lo observaba a su vez con severidad.