Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | страница 202
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Durante varios kilómetros, lo único que pudieron oír fue el sonido de sus pasos sobre
el polvo. Para Will y Chester resultaba difícil caminar de aquella manera, al lado de
sus silenciosos captores, que tiraban de ellos con toda rudeza para obligarlos a
ponerse en pie cada vez que tropezaban y caían al suelo. En más de una ocasión los
empujaron y les pegaron para obligarlos a ir a su paso.
Después, sin previo aviso, los hicieron detenerse y les quitaron la venda.
Parpadeando, los chicos miraron a su alrededor. Era evidente que seguían en la
Llanura Grande, pero no se distinguía ningún detalle particular a la luz de la lámpara
frontal que llevaba en la cabeza el hombre alto que tenían delante. El brillo de la luz
les impedía verle la cara, pero sí veían que llevaba una chaqueta larga y un cinturón
del que pendían numerosas bolsas. Sacó algo de una de ellas: una esfera de luz que
mantuvo en la palma de su mano enguantada. Después se llevó una mano a la luz de
la frente y la apagó.
Se quitó un pañuelo que llevaba alrededor del cuello y la boca, sin dejar de mirar
a los muchachos. Era ancho de hombros, pero lo que más les llamó la atención fue la
cara. Era una cara delgada, con nariz gruesa y un ojo con reflejos azules. El otro ojo
tenía algo delante, algo sujeto con una banda que le pasaba por la parte superior de la
cabeza, algo parecido a una lente abatible.
Will se acordó de la última vez que le habían graduado la vista. El oftalmólogo que
lo había examinado llevaba un aparato parecido a aquél. Sin embargo, esta versión
tenía una lente de color lechoso, con un leve brillo anaranjado, hubiera jurado Will.
Supuso enseguida que aquel ojo estaba dañado de alguna manera, pero después notó
que había un par de cables retorcidos pegados a su perímetro y que pasaban por
detrás de la cabeza del hombre, alrededor de la banda.
El otro ojo, el descubierto, seguía observándolos, pasando de uno a otro chico su
astuta mirada.
—No tengo mucha paciencia —empezó a decir.