Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 200
superpoblado, nos encontramos en la situación óptima para que los virus muten en
algo realmente letal. Y en un santiamén, por cierto. Somos el caldo de cultivo ideal.
La señora Burrows contempló la posibilidad de salir corriendo hacia la puerta. No
pensaba quedarse a oír la chachara de aquel cabra loca, y además casi había perdido el
apetito. El lado bueno de aquella misteriosa pandemia era que resultaba muy
improbable que hubieran organizado actividades para aquel día, así que podía
dedicarse en serio a ver la tele; además, encontraría muy poca o ninguna oposición a
su elección de canales. Y si no podía ver gran cosa, al menos podría oír.
—De momento sufrimos esta infección en los ojos que es bastante desagradable,
pero no sería nada difícil que mutaran un par de genes y se convirtiera en un virus
asesino. —Cogió el salero y lo agitó sobre el huevo—. Recuerde mis palabras: un día
aparecerá en el horizonte algo realmente desagradable y pasará segándonos a todos,
como hace la guadaña con el trigo —anunció el hombre secándose suavemente las
comisuras de los ojos con su pañuelo—. Entonces nos pasará como a los dinosaurios.
Y todo esto —hizo un gesto con la mano que pretendía abarcar todo cuanto los
rodeaba— y todos nosotros pasaremos a ser tan sólo un pequeño e insignificante
capítulo en la historia del mundo.
—¡Qué alegre! Suena como una historia de ciencia ficción de esas horteras —dijo
la señora Burrows de manera desdeñosa, al tiempo que se ponía en pie y se abría
camino, casi a tientas, por entre las mesas en dirección al vestíbulo.
—Es una posibilidad desagradable, pero bastante probable para nuestra
desaparición final —replicó él.
Esta última declaración sacó de quicio a la señora Burrows. Ya era bastante duro
que los ojos la estuvieran martirizando sin tener que escuchar paparruchas.
—¡Ah, sí! Estamos todos condenados, ¿verdad? ¿Y cómo lo sabe usted? —
comentó con desprecio—. ¿Usted qué es, un escritor fracasado o algo así?
—No, soy médico. Cuando no estoy aquí, trabajo en Saint Edmund's. Es un
hospital, tal vez le suene.
—¡Ah! —farfulló la señora Burrows, deteniéndose en su huida y volviéndose
hacia su interlocutor.
—Ya que parece usted una especie de experta, me gustaría compartir su seguridad
en que no hay nada de lo que preocuparse.
Bastante humillada, la señora Burrows se quedó inmóvil donde estaba.
—E intente no andarse tocando los ojos, porque es peor —dijo el hombre de