Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 196

necesarios… al rebelde. Al mirar aquel rostro horriblemente desfigurado, el aire parecía volverse de plomo. —¿Quiere decir a… Will Burrows? —Sí, Seth Jerome —se limitó a decir él. Se secó el ojo lloroso con el dorso de la mano y después chasqueó los dedos torpemente, utilizando lo que le quedaba del pulgar y el índice. —¿Qué…? —Sarah oyó extraños pasos en el suelo de piedra, a su espalda, y volvió la cabeza. Una sombra apareció por la puerta. Era el Cazador, el gato gigante que en la Superficie había acudido en su ayuda. El gato se paró para observar a su alrededor, olfateó el aire brevemente, y en un abrir y cerrar de ojos se fue hasta Sarah dando brincos, y se frotó contra su pierna con tanto cariño y vigor que le corrió la silla hacia un lado. —¡Eres tú! —exclamó ella. Se quedó tan encantada como sorprendida de volverlo a ver. Había dado por hecho que los styx lo habrían matado allí mismo, en la excavación. Pero parecía que había ocurrido exactamente lo contrario: ahora era un animal muy diferente al triste espécimen que había conocido en la Superficie. Por la manera en que actuaba al corretear por la estancia para olfatear algo en un rincón, se notaba que lo habían alimentado bien. Su aspecto había mejorado mucho, y la herida enconada del hombro había sido tratada. Le habían puesto en ella unas hilas, sujetas con una buena cantidad de vendas alrededor del pecho. Y como también llevaba un collar de cuero completamente nuevo (algo que no era frecuente en aquellos animales), Sarah supuso que había estado al cuidado de styx y no de colonos. —Se llama Bartleby. Nos pareció que podía ser de utilidad —comentó el styx. —Bartleby —repitió Sarah, y a continuación miró al styx que estaba al otro lado de la mesa en busca de una explicación. —Por supuesto, el animal estará ansioso de encontrar a su antiguo amo, su hijo, empleando su agudo sentido del olfato —le dijo él. —¡Ah, sí! —dijo ella asintiendo también con la cabeza—, es verdad. —Sería de enorme ayuda contar con un Cazador al bajar a las Profundidades, y mucho más si lo que había que seguir era el rastro de su amo. Respondió al hombre con una sonrisa y después gritó: —¡Aquí, Bartleby! El gato regresó obediente a su lado y se sentó, mirándola como si esperara una