Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 191

21 —Porque escrito está en el Libro de las Catástrofes que el pueblo volverá al lugar que le corresponde desde el Arca de la Tierra, al tiempo que se retiran de él los impuros. Y el pueblo volverá a arar los eriales, levantará las ciudades arrasadas y poblará los terrenos baldíos con su semilla de pureza. Y lo que está escrito, se cumplirá —decía la voz atronadora del predicador styx. En los confines de la pequeña habitación de piedra del Cuartel, el predicador se alzaba por encima de ella, que estaba de rodillas. Los ojos ardientes y la capa negra le hacían parecer una especie de aparición terrible, con manos como garras que se clavaban en el aire a ambos lados de su cuerpo. La capa se le abría y se separaba de su delgado cuerpo al acercarse a Sarah. Su mano derecha apuntaba al techo y la izquierda al suelo. —Así en los firmamentos, como aquí abajo, en la Tierra —dijo con su fina voz—. Amén. —Amén —repitió ella. —Dios será contigo en todo cuanto hagas en nombre de la Colonia. —De pronto lanzó sus manos hacia Sarah, cogiéndole la cabeza y apretando tanto con sus pulgares la piel fantasmalmente blanca de su frente que, cuando la soltó y retrocedió, habían quedado marcas rojas en ella. Se tapó con la capa y salió de la habitación, dejando la puerta abierta tras él. Con la cabeza agachada, Sarah permaneció de rodillas hasta que oyó una tos sofocada procedente del pasillo. Al levantar la vista vio a Joseph, que sostenía un plato de comida en sus enormes manos. —Una bendición, ¿eh? Sarah asintió con la cabeza. —No quisiera molestar, pero mi madre los ha hecho para ti. Son unos pasteles. —Tráelos aprisa, no te quedes ahí. No creo que «el Doctor Muerte» lo aprobara — dijo ella.