Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 189
suelo que pasaba a toda velocidad.
A continuación los levantaron y los pusieron en pie con brusquedad. Will y Chester notaron que les ataban algo a las muñecas. Tiraron de ellos por medio de lo que les habían atado, y cada uno de los muchachos oía los pasos desacompasados del otro mientras bajaban a velocidad de vértigo por el resto de la pendiente, inclinados hacia atrás para no caer.
Por el ruido de los pasos y algún gemido ocasional, Will sabía que Chester iba delante de él, y adivinó que habían sido atados en cadena, como dos animales a los que conducen al matadero. Al fondo de la pendiente, Chester perdió el paso y cayó, arrastrando con él a Will.—¡ Arriba, montón de estiércol!— les dijo el hombre entre dientes—. Haced lo que se os manda o acabaremos con vosotros aquí y ahora. Apoyándose uno en el otro, volvieron a ponerse en pie.—¡ Moveos!— soltó el otro golpeando a Will tan fuerte en el hombro herido que el chico soltó un gemido de dolor. Oyó que su captor daba un paso atrás de la sorpresa.
El dolor y el miedo, que se sumaban al intenso sentimiento de la pérdida de Cal, trastocaron de pronto algo en su cabeza. Se volvió hacia el que le había pegado y le dijo en voz baja y amenazadora:— Vuelve a hacer eso, y te …—¿ Qué?— preguntó la voz. Sonó más amable que antes, y Will notó por primera vez que tenía algo de juvenil e incluso de femenino—. ¿ Qué me vas a hacer?— volvió a preguntar.
— Eres una chica, ¿ no?— dijo Will, sin podérselo creer. Sin aguardar respuesta, cerró los puños y se puso ante ella, lo cual resultaba difícil porque no sabía dónde estaba exactamente.
— Llamaré a los refuerzos— dijo con fiereza, recordando la frase de una de las series de televisión favoritas de su madre adoptiva.—¿ Refuerzos? ¿ Y eso qué es?— preguntó ella, dudando.— Un equipo de hombres cuidadosamente seleccionados que vigilan hasta el menor de tus movimientos— añadió Will con toda la convicción de que era capaz—. Sólo tengo que darles una señal y seréis eliminados.
— Se está marcando un farol— dijo la voz del hombre. También esta voz había perdido parte de su severidad, y hasta parecía divertirse ligeramente—. Están solos. No hemos visto a nadie con ellos, ¿ verdad, Elliott?— Se volvió hacia Will—. Si no
suelo que pasaba a toda velocidad.
A continuación los levantaron y los pusieron en pie con brusquedad. Will y Chester notaron que les ataban algo a las muñecas. Tiraron de ellos por medio de lo que les habían atado, y cada uno de los muchachos oía los pasos desacompasados del otro mientras bajaban a velocidad de vértigo por el resto de la pendiente, inclinados hacia atrás para no caer.
Por el ruido de los pasos y algún gemido ocasional, Will sabía que Chester iba delante de él, y adivinó que habían sido atados en cadena, como dos animales a los que conducen al matadero. Al fondo de la pendiente, Chester perdió el paso y cayó, arrastrando con él a Will.—¡ Arriba, montón de estiércol!— les dijo el hombre entre dientes—. Haced lo que se os manda o acabaremos con vosotros aquí y ahora. Apoyándose uno en el otro, volvieron a ponerse en pie.—¡ Moveos!— soltó el otro golpeando a Will tan fuerte en el hombro herido que el chico soltó un gemido de dolor. Oyó que su captor daba un paso atrás de la sorpresa.
El dolor y el miedo, que se sumaban al intenso sentimiento de la pérdida de Cal, trastocaron de pronto algo en su cabeza. Se volvió hacia el que le había pegado y le dijo en voz baja y amenazadora:— Vuelve a hacer eso, y te …—¿ Qué?— preguntó la voz. Sonó más amable que antes, y Will notó por primera vez que tenía algo de juvenil e incluso de femenino—. ¿ Qué me vas a hacer?— volvió a preguntar.
— Eres una chica, ¿ no?— dijo Will, sin podérselo creer. Sin aguardar respuesta, cerró los puños y se puso ante ella, lo cual resultaba difícil porque no sabía dónde estaba exactamente.
— Llamaré a los refuerzos— dijo con fiereza, recordando la frase de una de las series de televisión favoritas de su madre adoptiva.—¿ Refuerzos? ¿ Y eso qué es?— preguntó ella, dudando.— Un equipo de hombres cuidadosamente seleccionados que vigilan hasta el menor de tus movimientos— añadió Will con toda la convicción de que era capaz—. Sólo tengo que darles una señal y seréis eliminados.
— Se está marcando un farol— dijo la voz del hombre. También esta voz había perdido parte de su severidad, y hasta parecía divertirse ligeramente—. Están solos. No hemos visto a nadie con ellos, ¿ verdad, Elliott?— Se volvió hacia Will—. Si no