Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 182
fijamente, recelando de aquel cambio repentino. Will estaba ya en la orilla del canal,
asegurándose la lámpara en el bolsillo de la camisa. Se volvió mirando a la pared
durante unos segundos, y empezó a trepar. Encontrando donde agarrarse con los pies
y las manos, fue haciendo un recorrido en arco, pasando por debajo de la luz de gas,
pero por encima de la entrada del túnel, hasta volver a bajar por el otro lado y poner
pie en tierra firme, al otro lado del canal.
—No soy el primero que pasa por ahí —declaró. A continuación animó a Chester,
que seguía en la orilla opuesta—: Vamos, no te quedes ahí. Está superfácil. No tiene
ningún problema pasar por ahí porque alguien ha picado unos entrantes a los que
agarrarse.
Chester parecía indignado e impresionado en igual medida. Se le abrió la boca
como si fuera a decir algo, pero pensándolo mejor, sólo murmuró:
—¡Lo de siempre!
Aunque Will no seguía ningún camino que se pudiera distinguir, parecía tan
seguro de que caminaban en la dirección correcta que Chester se limitaba a
acompañarlo. Marchando con rapidez, se internaban cada vez más en aquella
extensión toda igual, desprovista de hitos, en la que no encontraban canales ni nada
que pudiera ser un punto de referencia, hasta que llegaron al final a un punto en que
el suelo estaba más suelto y empezaba a ascender. Tal vez tuviera algo que ver con el
hecho de que el techo que tenían por encima de la cabeza también ascendía. El caso
era que el aire soplaba con más fuerza a cada paso que daban.
—¡Bueno, esto está mucho mejor! —comentó Will pasándose un dedo por el
interior del cuello de la camisa, que tenía empapado en sudor—. ¡Corre un poquito de
fresco!
Chester se alegraba enormemente de que Will pareciera haber salido de la tristeza
apabullante en que se había hundido tras la muerte de su hermano. De hecho, hablaba
con total normalidad, aunque todo resultaba mucho más tranquilo y silencioso sin
tener a Cal dándoles la lata. Por otro lado, la mente parecía empeñada en engañarle:
Chester tenía todo el tiempo la extraña sensación de que el muchacho seguía con ellos,
y cada poco miraba a su alrededor con la intención de localizarlo.
—¡Eh, esto parece calcáreo! —comentó Will mientras subían la pendiente,
resbalando y tambaleándose porque el claro suelo no resultaba firme bajo sus pies.
Durante el último tramo la pendiente se hizo más pronunciada y se vieron obligados a
ascender ayudándose de las manos.