Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 180

claro. Lo único que podían hacer era seguir por la orilla del canal, que había corregido el rumbo y en aquellos momentos parecía dirigirse directamente hacia uno de los parpadeantes focos de luz. A cada hora que pasaba, la luz se hacía más y más brillante, como una estrella que les mostrara el camino. El camino hacia dónde, eso no lo sabía, pero Chester no tenía intención de cruzar el canal, y menos teniendo a Will en aquel estado. Al segundo día se acercaron lo suficiente a la luz para darse cuenta de que la vacilante iluminación se proyectaba en la curvada pared de roca que tenía detrás, que le servía de pantalla. Evidentemente, se estaban acercando al final de la Llanura Grande. Chester insistió en que se detuvieran para inspeccionar la zona, y sólo cuando comprobó que estaba despejada, estuvo conforme en que se acercaran, despacio. Arrastrándose lo más sigilosamente que podía, Will se limitaba a seguir tras él, sin otorgar la más leve atención a la luz que tenía delante ni a nada de cuanto le rodeaba. Entonces llegaron hasta el origen de la luz. De la pared de roca salía un brazo de metal de aproximadamente medio metro de largo, y de su extremo surgía una llama de color azul. La llama emitía un silbido y a veces chisporroteaba, como si desaprobara la presencia de los muchachos. Bajo aquella luz de gas, el canal continuaba impertérrito, introduciéndose por una abertura en la roca tan perfectamente redondeada que tenía que haber sido hecha por la mano del hombre, o al menos por la de coprolitas. Pero cuando miraron por el agujero, vieron con claridad que no había acera ni borde que les permitiera seguir por la orilla del canal. —Bueno, esto es lo que hay —dijo Will desolado—. Estamos en un callejón sin salida. Se separó del canal, sin prestar atención a un pequeño chorro de agua que brotaba de la pared. Salía por una fisura que se hallaba más o menos a la altura del pecho y que había ido labrando una muesca a lo largo de su recorrido, pared abajo. Caía hasta una especie de vaso de roca pulida por la acción del agua, desde el que desbordaba luego para bajar por varias pequeñas mesetas hasta desaguar en el canal. El paso del agua dejaba una mancha marrón en los bordes de su camino, pero eso no fue obstáculo para que Chester probara un trago. —Está rica. ¿Por qué no la pruebas? —le dijo a Will. Era la primera vez que le hablaba desde hacía casi un día entero. —No —respondió Will con aire taciturno, dejándose caer al suelo con un suspiro