Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 164

tan blancos como si fueran huesos y de alguna manera atados el uno al otro. —¿Qué significa eso? —preguntó señalándosela a Cal. —Apuesto a que es una marca de los coprolitas —respondió su hermano asintiendo con entusiasmo—. Si tenemos suerte, tal vez haya un asentamiento aquí abajo, y en ese caso, seguro que guardan comida. Podemos coger todo lo que queramos. —No estoy seguro de eso —repuso el hermano mayor negando con la cabeza. —Will, mejor nos olvidamos de eso y seguimos andando —apremió Chester a su amigo, mirando con aprensión al interior del agujero—. A mí tampoco me gusta la pinta que tiene esto. —A ti no te gusta la pinta que tiene nada —le soltó Cal—. ¿Por qué no os quedáis aquí los dos mientras yo echo un vistazo? —dijo, y se metió por el agujero. Unos segundos después, les gritó que acababa de encontrar un pasadizo. Will y Chester estaban demasiado cansados para decirle que lo dejara, conscientes de que eso daría origen a una nueva riña. Así que lo siguieron a regañadientes. Nada más bajar por el agujero se encontraron en una galería horizontal. Cal no los había esperado, y ya había recorrido bastante distancia. Fueron tras él; pero avanzar por allí no resultaba nada fácil. La galería se estrechaba tanto que Will se vio obligado a dejar la mochila junto al lugar en que Cal había dejado la suya. —Odio esto —protestó Chester. Tanto él como Will respiraban con pesadez al avanzar, y en más de una ocasión tuvieron que echarse cuerpo a tierra para seguir. A Chester le costaba continuar. Will sabía que tenía problemas porque le oía respirar con dificultad cuando avanzaba arrastrándose. Aún no se había recobrado de todos los meses de encarcelamiento pasados en el calabozo, pese a los breves periodos de descanso en el tren y en la mansión. —¿Por qué no te vuelves? Nos puedes esperar en la entrada —sugirió Will. —No, no pasa nada —respondió Chester resoplando y gimiendo a causa del esfuerzo mientras se afanaba en pasar por un tramo especialmente estrecho—. Hasta aquí he llegado, ¿no? —añadió. —Vale. Si lo tienes claro… Aunque Will hubiera querido moverse más rápido para alcanzar a su hermano, avanzó deliberadamente despacio para no dejar atrás a Chester. Un par de minutos después, se alegró al ver que la galería volvía a ensancharse y que podían volver a ponerse en pie.