Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 146

probablemente conversando uno con el otro. Nunca he podido oír su lengua. Por lo que sé, pudiera ser inglés.
Los seguí, y no parecía que les importara: nunca les importa. Salimos del asentamiento, y alguien volvió a colocar en su sitio, detrás de nosotros, la roca que bloquea la entrada. El hecho de que excaven sus asentamientos en el suelo de la Llanura Grande y en los pasadizos que salen de ella, o a veces incluso en el mismo techo, los vuelve casi invisibles para el observador poco atento. Seguí a la pareja durante varias horas hasta que abandonamos la Llanura Grande, nos metimos por un pasadizo que bajaba en picado y, al salir de él, vi que nos hallábamos en una especie de embarcadero.
Era una construcción importante, con unas vías de ancho considerable que corrían paralelas a la ensenada.( Según creo, los coprolitas fueron responsables de la construcción de la vía del Tren de los Mineros y de la excavación del sistema de canales, ambas obras colosales). En el muelle había tres embarcaciones amarradas, y me alegré de ver subir a los coprolitas a bordo de la primera. Hasta entonces yo no había montado en ninguna. La barcaza iba cargada hasta los topes con carbón recién extraído. La propulsaba un motor de vapor: los vi echar carbón a la caldera y prenderlo con yesca.
Cuando alcanzó suficiente presión, nos pusimos en marcha, salimos de la ensenada y recorrimos milla tras milla por canales cerrados. Varias veces nos detuvimos para abrir las esclusas. Me bajé de la barcaza a la orilla para observar cómo manejaban la manivela que accionaba las compuertas.
Durante, el viaje, pensé mucho en cómo esta gente y los colonos se necesitan unos a otros, constituyendo una especie de simbiosis imperfecta. Yo diría que la fruta y las esferas de luz son un pago miserable por el enorme tonelaje de carbón y mineral de hierro que los colonos reciben de ellos. Si hay alguien en el mundo que entienda de minería, son los coprolitas, que trabajan con su pesado equipo de excavación a vapor( véanse mis dibujos en el apéndice número 2).
Pasamos algunas de las áreas de intenso calor que he descrito anteriormente, donde la lava debe de fluir muy cerca de las rocas. Me estremecía pensar qué temperatura habría fuera de mi traje protector, y no me sentía nada inclinado a averiguarlo. Al final salimos de nuevo a la Llanura Grande desplazándonos a buena velocidad, con la barcaza a toda máquina, y yo empezaba a sentirme exhausto( estos trajes resultan condenadamente pesados al cabo de un rato), cuando vimos en la orilla
probablemente conversando uno con el otro. Nunca he podido oír su lengua. Por lo que sé, pudiera ser inglés.
Los seguí, y no parecía que les importara: nunca les importa. Salimos del asentamiento, y alguien volvió a colocar en su sitio, detrás de nosotros, la roca que bloquea la entrada. El hecho de que excaven sus asentamientos en el suelo de la Llanura Grande y en los pasadizos que salen de ella, o a veces incluso en el mismo techo, los vuelve casi invisibles para el observador poco atento. Seguí a la pareja durante varias horas hasta que abandonamos la Llanura Grande, nos metimos por un pasadizo que bajaba en picado y, al salir de él, vi que nos hallábamos en una especie de embarcadero.
Era una construcción importante, con unas vías de ancho considerable que corrían paralelas a la ensenada.( Según creo, los coprolitas fueron responsables de la construcción de la vía del Tren de los Mineros y de la excavación del sistema de canales, ambas obras colosales). En el muelle había tres embarcaciones amarradas, y me alegré de ver subir a los coprolitas a bordo de la primera. Hasta entonces yo no había montado en ninguna. La barcaza iba cargada hasta los topes con carbón recién extraído. La propulsaba un motor de vapor: los vi echar carbón a la caldera y prenderlo con yesca.
Cuando alcanzó suficiente presión, nos pusimos en marcha, salimos de la ensenada y recorrimos milla tras milla por canales cerrados. Varias veces nos detuvimos para abrir las esclusas. Me bajé de la barcaza a la orilla para observar cómo manejaban la manivela que accionaba las compuertas.
Durante, el viaje, pensé mucho en cómo esta gente y los colonos se necesitan unos a otros, constituyendo una especie de simbiosis imperfecta. Yo diría que la fruta y las esferas de luz son un pago miserable por el enorme tonelaje de carbón y mineral de hierro que los colonos reciben de ellos. Si hay alguien en el mundo que entienda de minería, son los coprolitas, que trabajan con su pesado equipo de excavación a vapor( véanse mis dibujos en el apéndice número 2).
Pasamos algunas de las áreas de intenso calor que he descrito anteriormente, donde la lava debe de fluir muy cerca de las rocas. Me estremecía pensar qué temperatura habría fuera de mi traje protector, y no me sentía nada inclinado a averiguarlo. Al final salimos de nuevo a la Llanura Grande desplazándonos a buena velocidad, con la barcaza a toda máquina, y yo empezaba a sentirme exhausto( estos trajes resultan condenadamente pesados al cabo de un rato), cuando vimos en la orilla