Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 122
sudor que le empapaba la espalda, bajo la mochila.
—Estaremos yendo en la dirección correcta, espero —le dijo a Cal, que por una
vez no se había apartado de él y Chester.
—Eso espero, ¿tú no? —respondió el pequeño con insolencia, y después escupió
al suelo.
El efecto fue inmediato. Se vio un destello mucho más brillante que la luz que
salía de las lámparas que los tres chicos llevaban enganchadas a los bolsillos. Era
como si todas las caras de las piedras, y hasta el mismo suelo, irradiaran un limpio
resplandor de color amarillo. Y ese resplandor no se limitaba al sitio en que estaban,
sino que tenía lugar de forma intermitente a lo largo de todo el pasadizo, en ambos
sentidos, iluminándolo todo con tanta claridad como si hubieran accionado el
interruptor de la luz. Era como si alguien o algo les iluminara el camino.
Se quedaron anonadados.
—Esto no me gusta, Will —farfulló Chester.
Will sacó la chaqueta de donde la había metido, en la parte de arriba de la mochila,
y rebuscó en los bolsillos en busca de sus guantes. Se calzó uno.
—¿Qué haces? —preguntó Cal.
—Es sólo un presentimiento —respondió Will, agachándose para coger una piedra
brillante del tamaño de una bola de billar. La aferró con la mano, y una floración de
color crema brilló por entre sus dedos. Después abrió la mano y, moviendo la piedra
en el interior de la palma, la examinó detenidamente.
—Mirad esto —dijo—. ¿Veis que la piedra está cubierta por algo parecido a
liqúenes? —Entonces escupió sobre ella.
—¡Will! —exclamó Chester.
La piedra brilló aún más intensamente.
Will estaba fascinado, y su mente trabajaba rápido:
—Está caliente. Así que la humedad activa este organismo, sea lo que sea.
Posiblemente una bacteria. Y hace que desprenda luz. Salvo no sé qué que hay en el
fondo de los océanos, nunca había oído nada parecido a esto. —Volvió a escupir, pero
esta vez sobre la pared del pasadizo.
Allí donde habían caído los puntos de saliva, la pared brilló aún con más
intensidad, como si le hubiera caído una pintura luminosa.
—¡Will, por lo que más quieras! —dijo Chester, implorando en voz baja, a causa
del miedo—. ¡Podría ser peligroso! Su amigo no le hizo caso.