Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 120
—Los styx son lo peor de lo peor —sentenció Chester. A continuación resopló
bruscamente y negó con la cabeza.
No, Will, la verdad es que a mí tampoco me gusta nada. Es extraño que… —
reflexionó—. ¿Qué?
—Bueno, es sólo que aquí no ha venido nadie durante años, tal vez durante siglos,
hasta que se le ocurrió entrar a tu padre. Estaba cerrado, como si nadie se atreviera a
poner un pie aquí dentro.
—Sí, tienes razón.
—¿Crees que se fueron porque la vida aquí se había vuelto simplemente
demasiado espantosa? —preguntó Chester.
—Bueno, está claro que los murciélagos son carnívoros. Los vi atacar al que había
caído herido. Pero no creo que supongan un gran peligro —contestó Will.
—¿Que no lo suponen? —preguntó Chester con aprensión, y palideciendo—.
¡Nosotros somos carne!
—Sí, pero me apuesto algo a que les gustan más los insectos. O los animales que
no pueden defenderse. —Negó con la cabeza—. Tienes razón, tampoco yo creo que
sean sólo los murciélagos los que han alejado a la gente de este lugar.
Mientras hablaba, Cal se había acercado pisando fuerte en el polvo, se había
quitado la mochila y la había utilizado como asiento.
—¡Ah, sí, los murciélagos! —interrumpió de mal humor—. ¿Cómo vamos a pasar
por entre ellos?
—Por el momento, no hay ni rastro de ellos —contestó Will.
—Maravilloso —gruñó su hermano—. Así que no hay ningún plan.
Will contestó sin alterarse, negándose a picar el anzuelo y acabar a la gresca con su
hermano:
—Bueno, podemos hacerlo así: apagamos las luces todo lo que podamos, no
hacemos ruido, ni gritamos (¿lo pillas, Cal?). Y, como precaución, llevaré unos fuegos
artificiales preparados por si aparecen. Eso debería matarlos de miedo. —Will abrió el
bolsillo lateral de la mochila, en el que tenía un par de cohetes que habían quedado de
los que había disparado en la Ciudad Eterna.
—¿Eso es todo? ¿Ese es el plan que tenéis? —preguntó Cal de manera agresiva.
—Sí —respondió Will tratando de no perder la calma.
—¡Lo que se dice genial! —gruñó el niño.
Will le lanzó una mirada asesina, y con mucha cautela abrió la puerta por