Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 119
inscripción, y Chester hizo lo mismo—. Debe de actuar como escudo protector.
—Sí, efectivamente parece que está frío, como el plomo. Así que me imagino que
el resto de la casa estará igual —dijo Chester mostrándose de acuerdo y observando
las paredes a su alrededor.
—Está claro. Ya os dije que el aire no es saludable en las Profundidades, idiotas —
les dijo Cal con desprecio, y se fue pisando con fuerza el polvo y dejando allí a los
otros dos.
—Justo cuando empezaba a pensar que no era tan capullo como me parecía —
rezongó Chester moviendo la cabeza hacia los lados—, va y lo echa a perder.
—No le hagas caso —dijo Will.
—Se parece un poco a ti, pero es sólo un parecido físico —dijo Chester de mal
humor. El comportamiento de Cal lo sacaba de quicio—. Ese enano sólo se preocupa
de una persona: de él. Y ya sé de qué va, siempre tratando de hacerme saltar… —Se
calló de repente, al notar la expresión ausente de su amigo. Will no le estaba
escuchando, sólo miraba la inscripción de la pared, totalmente imbuido en
pensamientos que concernían a su padre.
Los chicos pasaron relajados las siguientes veinticuatro horas, a ratos durmiendo
sobre la mesa de la biblioteca, a ratos recorriendo la mansión. Al investigar el resto de
las estancias, Will se sentía incómodo pensando que allí habían vivido styx en otro
tiempo, aunque fuera hacía mucho tiempo. A pesar de su búsqueda, no encontró más
rastros de su padre y le entraron ganas de volver a salir, acuciado por la idea de que el
doctor Burrows podía encontrarse todavía por la zona, y con el desesperado deseo de
encontrarlo. Se inquietaba más a cada hora que pasaba, hasta que no pudo soportarlo
por más tiempo. Así que les pidió a los otros dos que prepararan las cosas, y salió de
la biblioteca para esperarlos en el vestíbulo.
—No sé lo que es, pero algo hay en este lugar… —le dijo Will a Chester cuando
se reunió con él ante la puerta de salida. Había abierto un resquicio por el que
proyectaban los haces de luz de sus lámparas a la lúgubre forma de las achaparradas
cabañas mientras esperaban a que llegara Cal. Desde la escena que había hecho a
propósito del padre de Will, se había mostrado malhumorado y poco comunicativo,
así que los otros dos lo habían dejado a su aire.
—Eso me hace sentir… Es una especie de incomodidad —dijo Will—. Son todas
esas cabañas que hay ahí fuera, y la idea de que los styx los obligaban a vivir en ellas,
como esclavos. Apuesto a que los trataban bastante mal.