Tuneles Roderick Gordon 1 Túneles | Page 147

Roderick Gordon- Brian Williams
Túneles
juguete hasta que Cal lo quitó de la mesa y volvió a guardarlo. Entonces, mirando a Will frunció el ceño.
— Te llamas Seth— dijo, casi con resentimiento—. Y eres mi hermano.
— Ja!— le soltó Will a Cal en la cara, riéndose. Y después, recordando con amargura el trato que le habían dado los styx, negó con la cabeza y se dirigió a él sin ninguna simpatía—: Sí, vale, lo que tú digas.— Estaba harto de aquella farsa. Conocía a su familia, y no eran aquellos graciosos que tenía delante.
— Es cierto. Tu madre era mi madre. Ella intentó escaparse con los dos. A ti te llevó a la Superficie, y a mí me dejó con papá y la abuela.
Will puso los ojos en blanco y se giró para mirar al segundo agente.— Muy inteligente. Es un buen truco, pero no voy a picar. El tipo frunció los labios, pero no dijo nada.
— Te recogió una familia de Seres de la Superficie...— explicó Cal levantando la voz.
—¡ Claro, pero no voy a ser recogido aquí abajo por una familia de majaretas!— contestó Will molesto, empezando a ponerse nervioso.
— No pierdas el tiempo, Caleb— dijo el señor Jerome poniéndole una mano en el hombro. Pero el niño se la quitó de encima y prosiguió, aunque su voz se entrecortaba a causa de la frustración.
—¡ Ellos no son tu verdadera familia, tu familia somos nosotros! Eres de nuestra sangre.
Will miró al hombre, cuyo rostro enrojecido no expresaba otra cosa que odio. Después volvió a mirar a Cal que, con desánimo, se había dejado caer sobre el respaldo de su silla con la cabeza gacha. Pero no se dejó impresionar. Era una broma de pésimo gusto.
«¿ Piensan realmente que soy tan tonto para tragarme algo así?», se preguntó. Abotonándose el sobretodo, el señor Jerome se apresuró a levantarse.— Así no vamos a ninguna parte— sentenció. Pero Cal, levantándose al mismo tiempo que su padre, comentó en voz baja:— La abuela siempre dijo que volverías.
— No tengo abuelos. ¡ Están muertos!— gritó Will, levantándose de la silla de un salto, airado y con los ojos empañados.
Salió corriendo hacia la ventana de cristal de la pared y pegó la cara contra la superficie.
—¡ Muy listos!— gritó al cristal—. ¡ Casi me lo trago!
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