Texto: Victoria Bibolini- 11.° grado | Ilustración: Victoria Bibolini- 11.° grado
La Casa del Renacimiento
Mi nombre viene de una burla. Una burla que surge de medios populares. Solo los niños de mi Chacarita me conocen como Abraham Mateo, el Estrafalario. Mis padres nunca pronunciaron mi nombre, así que encontré un lugar en la casa de mi abstraída abuela. Navegando por las calles – ofrecido y visto como un extraterrestre – buscaba una alternativa factible para la remera amarilla. Es una distracción de la escasez y una motivación para sobrevivir este invierno bipolar. Aunque odio admitirlo, sé que moriré. Pero me rehúso que sea por el uso de sustancias como aquellos de mi edad.
Cada día, a las ocho de la mañana, salgo a las calles insomnias. Aquel día me crucé con ella: Cielo Cáceres. Con una calumnia dirigida a mí— que tenía una obsesión destrozada— notó el quiebre interno.— Esa remera amarilla parece querida.— dijo ella.— No. Odio la idea de usar este trapo por años. Cielo ofreció ayuda para reconstruirme, abrirme las puertas al conocimiento que tanto aspiraba durante mis 14 años de vida. Al entrar a su auto, el asiento se pegaba a mis piernas. Miraba los instrumentos de medicina en el regazo de la doctora mientras ella manejaba con un ánimo sombrío. La ventana reflejaba una nueva versión colorida de la Chacarita que conocía. Se detuvo el coche en un callejón estrecho y, frente a una casa de ladrillos,
Travesía • revista estudiantil | 17