TOM SOWYER Tom Sawyer - Mark Twain | Seite 97

Tom Sawyer www.librosmaravillosos.com Mark Twain gato y otros pescados peculiares del Misisipi, mantenimiento sobrado para toda una familia. Frieron los peces con el tocino, y se maravillaron que nunca habían probado peces tan exquisitos. No sabían que el pescado de agua dulce es mejor cuanto antes pase del agua a la sartén; y tampoco reflexionaron en la calidad de la salsa en que entran el dormir al aire libre, el ejercicio, el baño y una buena proporción de hambre. Después del desayuno se tendieron a la sombra, mientras Huck se regodeaba con una pipa, y después echaron a andar a través del bosque, en viaje de exploración. Vieron que la isla tenía tres millas de largo por un cuarto de anchura y que la orilla del río más cercana sólo estaba separada por un estrecho canal que apenas tenía doscientas varas de ancho. Tomaron un baño por hora, así es que era ya cerca de media tarde cuando regresaron al campamento. Tenían demasiado apetito para entretenerse con los peces, pero almorzaron espléndidamente con jamón, y después se volvieron a echar en la sombra para charlar. Pero no tardó la conversación en desanimarse y al cabo cesó por completo. La quietud, la soledad que transpiraban los bosques, la sensación de soledad, empezaron a gravitar sobre sus espíritus. Se quedaron pensativos. Una especie de vago a indefinido anhelo se apoderaba de ellos. A poco tomaba forma más precisa: era nostalgia de sus casas, en embrión. Hasta Huck el de las Manos Rojas se acordaba de sus quicios de puertas y de sus barricas vacías. Pero todos se avergonzaban de su debilidad y ninguno tenía arrestos para decir lo que pensaba. Por algún tiempo habían notado, vagamente, un ruido extraño en la distancia, como a veces percibimos el tictac de un reloj sin darnos cuenta precisa de ello. Pero después el ruido misterioso se hizo más pronunciado y se impuso a la atención. Los muchachos se incorporaron mirándose unos a otros y se pusieron a escuchar. Hubo un prolongado silencio, profundo, no interrumpido: después, un sordo y medroso trueno llegó al ras del agua, desde la lejanía. -¿Qué será? -dijo Joe, sin aliento. -¿Qué será? -repitió Tom en voz baja. -Eso no es un trueno -dijo Huck, alarmado-, porque el trueno... -¡Chist! -dijo Tom-. Escucha. No habléis. 97 Preparado por Patricio Barros