Tom Sawyer
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Mark Twain
-Tienes razón. No había yo caído.
-Y, además, fíjate: puede ser que el trompazo haya acabado con él.
-No; eso no, Tom. Estaba lleno de bebida; bien lo vi yo, y además lo está siempre.
Pues mira: cuando papá está lleno, puede ir uno y sacudirle en la cabeza con la
torre de una iglesia, y se queda tan fresco. Él mismo lo dice. Pues lo mismo le pasa
a Muff Potter, por supuesto. Pero si se tratase de uno que no estuviese bebido,
puede ser que aquel estacazo lo hubiera dejado en el sitio. ¡Quién sabe!
Después de otro reflexivo silencio, dijo Tom:
-Huck, ¿estás seguro que no has de hablar?
-No tenemos más remedio. Bien lo sabes. A ese maldito indio le importaría lo mismo
ahogarnos que a un par de gatos, si llegásemos a soltar la lengua y a él no lo
ahorcasen. Mira, Tom, tenemos que jurarlo. Eso es lo que hay que hacer: jurar que
no hemos de decir palabra.
-Lo mismo digo, Huck. Eso es lo mejor. Dame la mano y jura que...
-¡No, hombre, no! Eso no vale para una cosa como ésta. Eso está bien para cosas
de poco más o menos; sobre todo, para con chicas, porque, de todos modos, se
vuelven contra uno y charlan en cuanto se ven en apuros; pero esto tiene que ser
por escrito. Y con sangre.
Nada podía ser más del gusto de Tom. Era misterioso, y sombrío, y trágico; la hora,
las circunstancias y el lugar donde se hallaban, eran los más apropiados. Cogió una
tablilla de pino que estaba en el suelo, en un sitio donde alumbraba la luna, sacó un
tejo del bolsillo y garrapateó con gran trabajo las siguientes líneas, apretando la
lengua entre los dientes a inflando los carrillos en cada lento trazo hacia abajo, y
dejando escapar presión en los ascendentes: Huck Fin y Tom Sawyer juran que no
han de decir nada de esto y que si dicen algo caigan allí mismo muertos y fenezcan.
No menos pasmado quedó Huckleberry de la facilidad con que Tom escribía que de
la fluidez y grandiosidad de su estilo. Sacó en seguida un alfiler de la solapa y se
disponía a pincharse un dedo, pero Tom le detuvo.
-¡Quieto! -le dijo-. No hagas eso. Los alfileres son de cobre y pueden tener
cardenillo.
-¿Qué es eso?
-Veneno. Eso es lo que es. No tienes más que tragar un poco... y ya verás.
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Preparado por Patricio Barros