Tom Sawyer
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Mark Twain
-¡Asimismo fue! ¡Debió de haber un ángel por aquí! ¡Aquí había un ángel por alguna
parte!
-Y la señora Harper contó que Joe la había asustado con un petardo, y usted contó
lo de Perico y el «matadolores».
Tan cierto como es de día.
-Después se habló de dragar el río para buscarnos y que los funerales serían el
domingo; y usted y ella se abrazaron y lloraron y después se marchó.
-Asimismo pasó. Así precisamente, tan cierto como estoy sentada en esta silla.
Tom, no podrías contarlo mejor aunque lo hubieses visto. ¿Y después qué pasó?
-Después me pareció que rezaba usted por mí... y creía que la estaba viendo y que
oía todo lo que decía.
Y se metió usted en la cama, y yo fui y cogí un pedazo de corteza y escribí en ella:
«No estamos muertos; no estamos más que haciendo de piratas», y lo puse en la
mesa junto al candelero; y parecía usted tan buena allí, dormida, que me incliné y
le di un beso.
-¿De veras, Tom, de veras? ¡Todo te lo perdono por eso! -y estrechó a Tom en un
apretadísimo abrazo que le hizo sentirse el más culpable de los villanos.
-Fue una buena acción, aunque es verdad que fue solamente... en sueños -balbuceó
Sid, en un monólogo apenas audible.
-¡Cállate, Sid! Uno hace en sueños justamente lo que haría estando despierto. Aquí
tienes una manzana como no hay otra, que estaba guardando para ti si es que
llegaba a encontrarte... Y ahora vete a la escuela.
Doy gracias a Dios bendito, Padre común de todos, porque me has sido devuelto,
porque es paciente y misericordioso con los que tienen fe en Él y guardan sus
mandamientos, aunque soy bien indigna de sus bondades; pero si únicamente los
dignos recibieran su gracia y su ayuda en las adversidades, pocos serían los que
disfrutarían aquí abajo o llegarían a entrar en la paz del Señor en la plenitud de los
tiempos.
¡Andando, Sid, Mary, Tom!... ¡Ya estáis en marcha! Quitaos de en medio, que ya me
habéis mareado bastante.
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Preparado por Patricio Barros