Tom Sawyer
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Mark Twain
fueros. Los chicos volvieron al campamento, todavía sobrecogidos de espanto; pero
vieron que aún tenían algo que agradecer, porque el gran sicomoro resguardo de
sus yacijas no era ya más que una ruina, hendido por los rayos, y no habían estado
ellos allí, bajo su cobijo, cuando la catástrofe ocurrió.
Todo en el campamento estaba empapado, incluso la hoguera, pues no eran sino
imprevisoras criaturas, como su generación, y no habían tomado precauciones para
en caso de lluvia. Gran desdicha era, porque estaban chorreando y escalofriados.
Hicieron gran lamentación, pero en seguida descubrieron que el fuego había
penetrado tanto bajo el enorme tronco que servía de respaldar a la hoguera, que un
pequeño trecho había escapado a la mojadura. Así, pues, con paciente trabajo, y
arrimando briznas y cortezas de otros troncos resguardados del chaparrón,
consiguieron reanimarlo. Después apilaron encima gran provisión de palos secos,
hasta que surgió de nuevo una chisporroteante hoguera, y otra vez se les alegró el
corazón.
Sacaron el jamón cocido y tuvieron un festín; y sentados después en torno del
fuego comentaron, exageraron y glorificaron su aventura nocturna hasta que
rompió el día, pues no había un sitio seco donde tenderse a dormir en todos
aquellos alrededores.