TOM SOWYER Tom Sawyer - Mark Twain | Page 109

Tom Sawyer www.librosmaravillosos.com Mark Twain siquiera el secreto tendría fuerza bastante para retenerlos a su lado mucho tiempo, y por eso lo había guardado como el último recurso para seducirlos. Los chicos dieron la vuelta alegremente y tornaron a sus juegos con entusiasmo, hablando sin cesar del estupendo plan de Tom y admirados de su genial inventiva. Después de una gustosa comida de huevos y pescado Tom declaró su intención de aprender a fumar allí mismo. A Joe le sedujo la idea y añadió que a él también le gustaría probar. Así, pues, Huck fabricó las pipas y las cargó. Los dos novicios no habían fumado nunca más que cigarros hechos de hojas secas, los cuales, además de quemar la lengua, eran tenidos por cosa poco varonil. Tendidos, y reclinándose sobre los codos, empezaron a fumar con brío y con no mucha confianza. El humo sabía mal y carraspeaban a menudo; pero Tom dijo: -¡Bah! ¡Es cosa fácil! Si hubiera sabido que no era más que esto hubiera aprendido mucho antes. -Igual me pasa a mí -dijo Joe-. Esto no es nada. -Pues mira -prosiguió Tom-. Muchas veces he visto fumar a la gente, y decía: « ¡Ojalá pudiera yo fumar!»; pero nunca se me ocurrió que podría. Eso es lo que me pasaba, ¿no es verdad, Huck? ¿No me lo has oído decir? -La mar de veces -contestó Huck. -Una vez lo dije junto al matadero, cuando estaban todos los chicos delante. ¿Te acuerdas, Huck? -Eso fue el día que perdí la canica blanca... No, el día antes. -Podría estar fumando esta pipa todo el día -dijo Joe-. No me marea. -Ni a mí tampoco -dijo Tom-; pero apuesto a que Jeff Thatcher no era capaz. -¿Jeff Thatcher? ¡Ca! Con dos chupadas estaba rodando por el suelo. Que haga la prueba. ¡Lo que yo daría porque los chicos nos estuviesen viendo ahora! -¡Y yo! Lo que tenéis que hacer es no decir nada, y un día, cuando estén todos juntos, me acerco y te digo: «Joe, ¿tienes tabaco? Voy a echar una pipa». Y tú dices, así como si no fuera nada: «Sí, tengo mi pipa vieja y además otra; pero el tabaco vale poco». Y yo te digo: « ¡Bah!, ¡con tal que sea fuerte...!» Y entonces sacas las pipas y las encendemos, tan frescos, y ¡habrá que verlos! -¡Qué bien va a estar! ¡Qué lástima que no pueda ser ahora mismo, Tom! 109 Preparado por Patricio Barros