Tom Sawyer
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Mark Twain
siquiera el secreto tendría fuerza bastante para retenerlos a su lado mucho tiempo,
y por eso lo había guardado como el último recurso para seducirlos.
Los chicos dieron la vuelta alegremente y tornaron a sus juegos con entusiasmo,
hablando sin cesar del estupendo plan de Tom y admirados de su genial inventiva.
Después de una gustosa comida de huevos y pescado Tom declaró su intención de
aprender a fumar allí mismo. A Joe le sedujo la idea y añadió que a él también le
gustaría probar. Así, pues, Huck fabricó las pipas y las cargó. Los dos novicios no
habían fumado nunca más que cigarros hechos de hojas secas, los cuales, además
de quemar la lengua, eran tenidos por cosa poco varonil.
Tendidos, y reclinándose sobre los codos, empezaron a fumar con brío y con no
mucha confianza. El humo sabía mal y carraspeaban a menudo; pero Tom dijo:
-¡Bah! ¡Es cosa fácil! Si hubiera sabido que no era más que esto hubiera aprendido
mucho antes.
-Igual me pasa a mí -dijo Joe-. Esto no es nada.
-Pues mira -prosiguió Tom-. Muchas veces he visto fumar a la gente, y decía: «
¡Ojalá pudiera yo fumar!»; pero nunca se me ocurrió que podría. Eso es lo que me
pasaba, ¿no es verdad, Huck? ¿No me lo has oído decir?
-La mar de veces -contestó Huck.
-Una vez lo dije junto al matadero, cuando estaban todos los chicos delante. ¿Te
acuerdas, Huck?
-Eso fue el día que perdí la canica blanca... No, el día antes.
-Podría estar fumando esta pipa todo el día -dijo Joe-. No me marea.
-Ni a mí tampoco -dijo Tom-; pero apuesto a que Jeff Thatcher no era capaz.
-¿Jeff Thatcher? ¡Ca! Con dos chupadas estaba rodando por el suelo. Que haga la
prueba. ¡Lo que yo daría porque los chicos nos estuviesen viendo ahora!
-¡Y yo! Lo que tenéis que hacer es no decir nada, y un día, cuando estén todos
juntos, me acerco y te digo: «Joe, ¿tienes tabaco? Voy a echar una pipa». Y tú
dices, así como si no fuera nada: «Sí, tengo mi pipa vieja y además otra; pero el
tabaco vale poco». Y yo te digo: « ¡Bah!, ¡con tal que sea fuerte...!» Y entonces
sacas las pipas y las encendemos, tan frescos, y ¡habrá que verlos!
-¡Qué bien va a estar! ¡Qué lástima que no pueda ser ahora mismo, Tom!
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Preparado por Patricio Barros