TINKUY 01 | Seite 172

Pisaba una gracia tendida que se repetía entre la pausa de los sedantes y desquitaba la mirada hacia un incier- to, tan solo atinaba a dar una respuesta, para hacerle saber qué hablaba, tratan- do de mantener tendido la custodia de los sueños y no querer despertar en un rincón de esperas , ni con- ducirme a las sonrisas de un llanto, o tal vez quisiera reinventar los gallos en cada hora, y colgarme de un agu- jero en espera de un ojo que se suelta en la oscuridad de los viajes, en aquella cabe- za que conoció de cerca la venganza conocida en los caminos. Queda un rincón despidien- do aromas a la tierra que li- beró la esperanza, mantiene la fuerza en sus caminos y calla por un momento la calle recorrida, el zumbar de las cintas y la risa de los tiempos. A cada grano de mi sed apunto a la mañana tiesa, a las espaldas de la avenida, a una chapita que encon- tró un movimiento cojo, al botón perdido que abrochó una mirada en las profundi- dades inquietas.