TINKUY 01 | Seite 171

Cuánta soledad escuchó el latido descoordinado, habría un tiempo a la distancia de tus ojos, cada paco fue una almohada de conversaciones entre despertades, en los quinuales que se ensartaban tus versos, unas trenzas vacilan al viento, corría alrededor de un puquio , alrededor del silencio que se somete a un impulso y riega algún fuego en las espaldas de Kañay waqta. Tus orígenes parecen perdidos en tus lunares y quedan donde se las puso el viento de las mañanas y el fuego de la tardes, otra vez se ven danzar a las cometas, confunden la vista de un raptor y tus ojos negros gritaron al desquiciado silencio, apenas rozó y hacía falta una sombra, por suerte la madre no sabía contar, se apareció un extraño vacío que logró borrarlo en menos de lo que apareció. Pronto caerán las agujas del cielo, descociendo los caminos de las aves, haciendo rebotar una alfombra y una plástica azul se acurruca al costado de una piedra; con un solo agujero contrario y un techo de paja que hacía resbalar una gota presa en el destello de la luz roja y la dirección de las bajadas que lo llevarán a sorber en aromas de escasa presencia, donde apenas llega la luz.