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Pedro cantaba y cantaba sin detenerse. De ratos me volvía a repetir. –No debes ver su ventana patrón. Aquella insistencia hacía que mis ganas de llegar a esa cabaña y ver la ventana crezcan. –Ahí está patrón. A mí no me puede hacer nada, cuidadito que usted la vea. Ahí sí muertito se quedará. –¡Basta! –grité volteando la cabeza… A lo lejos se hizo presente una ventana muy oscura, dentro de ella una especie ojos giraban y giraban cual carrusel de domingos. Me quedé inmóvil, no podía decir ni una sola palabra, sentí cómo mi cuerpo se elevaba y marchaba a escribir su suerte. –Se lo dije patrón no debes ver su ventana, ahora que te tiene, te convertirás en su sirviente. Sulpaa taytawan 3 por liberarme. Tocan la carcomida puerta como un susurro de mil voces. Alguien se hace presente en algún lugar de ese desolado pueblo. –¿Quién toca?- pregunta desde dentro la inquietada alma. La respuesta se escabulle entre la lluvia y el viento, Sonidos de cadenas se estrellan entre ellas como queriendo responder. ¡Ser de los infiernos! ¿Por qué invades el silencio de mi alma? ¿Por qué vienes arrastrando tus penas en el lomo? ¡Dime! Y la sombra cada vez se amanecía sin palabra alguna. ¡Infernal desdicha! ¡Déjate caer entre los tuyos! Tú historia se desbordó entre lágrimas y risas. ¿Acaso quieres confesarme algo? ¡Vamos dilo! Confiesa en que rincón reposan los trastos de acero, Confiesa caminante inmortal insaciable de sed, Levanta la cabeza e incrusta tu mirada junto a la mía. Quizás te reconozca más allá de este bravío pesar. ¡Dime a qué tocas mi puerta! Talvez te atraviese mi sorpresa, Pues ya te espera. La manía por conquistar a las aves se convirtió en tu desgracia. Acércate que tengo el poder de tus Dioses... Y la sombra rehusada a contestar, Envolviéndose entre sus miedos, camino hacia la puerta y dijo. ¡Soy tú mismo! 3 Gracias padre.