17 Ya llevaba varios meses en Montevideo y aún no había mandado ninguna nota a la Agencia. Eso sí, tenía fax y computadora, pero ahí estaban, poco menos que vírgenes, esperando su mandato. Tenía toda la intención de inaugurarse como corresponsal, pero ¿qué podía interesar a la prensa y al público españoles acerca de un país como éste? La verdad es que no lo tenía claro. De América Latina sólo importaban los terremotos (como en Colombia), los asesinatos políticos (como en México), la crisis de los balseros (como en Cuba), los militares confesionales (como en la Argentina), la guerrilla maoísta (como en Perú), los cárteles del narcotráfico (también como en Colombia), los pronósticos de golpe (como en Venezuela), los desplantes de Pinochet (como en Chile). Pero en Uruguay no hay terremotos ni asesinatos políticos, ni balseros (¿a dónde irían?) ni guerrilla en activo, comparativamente hay poca droga y es el único país latinoamericano que se libró del cólera, por suerte no hay perspectivas de golpe y los módicos desplantes militares ocurren intramuros. La paz lisa y llana, exterior al Primer Mundo, no es noticia en sus mass media. Es cierto que en guerras absurdas no podemos competir con la ex Yugoslavia, en corrupción con Italia y alrededores, en terremotos con Japón, en racismo con Le Pen, en espionaje telefónico con el Cesid. Y para mayor inri (como dicen en la Península), nos confunden con Paraguay, que ni siquiera ha sido campeón de fútbol, ni olímpico ni mundial. Ay, nosotros lo fuimos ¡pero hace tanto! Ahora tenemos centenares de futbolistas que se ganan la vida en el extranjero, pero esa emigración no da prestigio. Apenas algún gol que convierte Zalazar desde media cancha, o los cinco que Fonseca le marcó al Valencia. ¿Sobre qué escribir entonces? Una posibilidad sería lle78
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