Test Jun. 2012 | Page 68

ba: Por favor, a la Plaza Cayao (nunca se acordaba de decir Callao), el chofer lo miraba con ayuda del espejito alcahuete y le preguntaba con sorna y seguridad: Argentino ¿verdad? y él debía recitar su bando explicativo número doscientos treinta y cuatro, aderezado además con el necesario estrambote de que Uruguay no es Paraguay. Pinos, pinos, y uno que otro eucalipto. Arriba, entre las ramas, trocitos de cielo, y abajo, un olor o fragancia o aroma, que parecían contrabandeados de un pasado remoto. Tanto tiempo se pasó añorando su soledad, que ahora, cuando al fin la ha recuperado, a Javier le parece un poco inhóspita y embarazosa, pero de todas maneras preferible al fragor compacto e incesante de las grandes ciudades abarrotadas. Las gaviotas suspenden de pronto sus vuelos en picada y sus desfiles y lo miran con curiosidad, seguramente extrañadas de esa presencia que viene a romper la unanimidad del frío. Ante semejante interés, Javier levanta un brazo, y las gaviotas, asustadas o tal vez sólo ofendidas, dan unos pasitos marcando sus huellas en la arena semidura y trasladan su expectativa a las olitas. A Javier no le dan la espalda sino la cola. Luego, en un arranque simultáneo, emprenden vuelo. 75 Pocket Andamios.p65 75 31/5/00, 13:55