no tenía con quien hablar así, como hablo contigo. Aunque discutamos, aunque no siempre estemos de acuerdo, vos y yo sabemos qué supuestos y presupuestos manejamos, vos y yo compartimos un lenguaje, una etapa de vida, una ansiedad y también una esperanza, aunque esté deshecha. Entonces Rocío le pidió que le hablara de su vida en España, de por qué había vuelto, de su mujer, de su hija. Javier empezó por el final. ?Camila es lo que más extraño, lo que más echo de menos. Me siento exiliado de mi hija. En una de sus cartas, hace ya unas semanas, Raquel citaba a Pessoa: ?La patria, ese lugar en que no estoy?. Y cuando leí esa frase, que yo desconocía, aunque tengo bien leído mi Pessoa, la sentí como mía. Sí, desde Madrid la patria era el Uruguay en que no estaba. Pero ahora, aquí, ¿la patria es el lugar en que estoy? No lo sé, y me amarga bastante no saberlo. A veces creo que la he recuperado, pero otras veces me siento también aquí un exiliado. Y o tras más, pienso que mi patria es Camila, que Camila es el lugar en que no estoy. Sé que la veré, porque no bien podamos, vendrá a verme, a estar un tiempo conmigo, pero luego volverá a Raquel, a Madrid. Y yo pasaré largos períodos sin mi hija, y cada vez comprobaré cuánto y cómo cambió desde su última visita, pero me habré perdido la transformación cotidiana. Javier iba a seguir respondiendo a las otras preguntas de Rocío, pero de pronto el sol se fue, Rocío miró el reloj y se asombró del tiempo transcurrido. ?¿Por qué no te quedás? ?dijo Javier. ?No, mañana empiezo a trabajar a las ocho y media. ?Mirá que aquí tenés ómnibus departamentales desde muy temprano. Podés dormir en mi cama y yo me arreglo con un colchón en la cocina. Ella agachó la cabeza y lo pensó durante unos minutos. ?Está bien, me quedo. ¿Tenés despertador? Por la mañana siempre me cuesta despabilarme. Javier trajo frazadas y sábanas limpias. ?Vine a darte trabajo ?dijo ella.
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