Test Jun. 2012 | Page 54

12 ?Me prometieron el perro, un lindo boxer, para el próximo lunes ?dijo el vecino jubilado?. Le va a gustar. Además, un perro es siempre una buena compañía, y en invierno, en estos páramos, una seguridad. Yo sé que usted a veces está dos o tres días sin venir, pero no se preocupe, yo se lo cuidaré como cuido al mío. A mí también me gustan los perros. Mi mujer, en cambio, prefiere los gatos, y menos mal que mi perro y su gato hacen buenas migas, a veces hasta juegan juntos. Mi perro está ya un poco viejo, tiene como diez años, que en un perro es bastante. Me lo regaló mi yerno cuando era un cachorrito de tres meses. O sea, que para él somos (mi mujer, el gato y yo) su única familia. Aquí, como usted habrá visto, abundan los perros, pero cada uno está en su casa y bien amarrado. Yo le doy más libertad, pero él está tan acostumbrado a esto, que no le da por hacer visitas. Eso sí, los domingos por la mañana lo llevo a la playa y se mete en el agua, nada un poco, alborota bastante y corre por la arena con todo el ímpetu que le permite su edad provecta. El gato no. El gato se queda ronroneando alrededor de mi mujer, mientras ella ve la telenovela brasileña. Le diré que para alguien como yo, que trabajó toda su vida, no es sencillo habituarse a la rutina del jubilado. En el laburo uno hace amigos y cree que serán para toda la vida, pero resulta que cuando nos retiramos, ya nunca más nos vemos, ni siquiera nos telefoneamos. Treinta años de oficina no transcurren en vano. Treinta años en la Caja atendiendo a jubilados, y ahora otros que ni siquiera conozco, me atienden a mí. Siempre he oído decir que los burócratas son unos holgazanes, que no trabajan, que van a primera hora a fichar y luego desaparecen o en todo caso regresan a última hora para fichar la salida. Y eso es cierto. Pero sólo parcialmente cierto. Porque usted habrá observado que, 61 Pocket Andamios.p65 61 31/5/00, 13:55